[Crítica] The Sonics – “This Is The Sonics!”

the-sonics-this-is-the-sonicsLos textos que recopilan, analizan y estudian la historia del rock de garaje tendrán que reescribirse o, cuando menos, incorporar un nuevo y preciso anexo. Basta conocer algo de los sonidos proto-punk de la segunda mitad de los sesenta para asumir que aquel ruido primitivo y rabioso tuvo en The Sonics a una de sus bandas más características y, por ende, más influyentes. El paso del tiempo, revival sesentero actual incluido, los ha convertido con justicia en uno de esos grupos elevados a la categoría de míticos y cuya estela ha superado con creces las expectativas de aquellos jovenzuelos que en 1964 registraron Here Are The Sonics para Etiquette. Muchas de sus canciones, Psycho, Strychnine o The Witch por citar quizá las más difundidas, son consideradas auténticos clásicos del género y siguen sonando y coreándose en los ambientes garajeros, siendo no pocas las bandas actuales que aún hoy los citan como influencia. Cuando su historia parecía estar ya escrita, ahora, casi cincuenta años después de Boom, aquel segundo y legendario LP de 1966, los venerados chicos de Tacoma han vuelto, y lo han hecho con una firmeza descomunal. Al publicarse el disco, todo un personaje como Kurt Baker se hacía eco en Twitter de esta manera: “All things considered, the new album by The Sonics is so damn good that it makes all the rest of us look like total wimps!”

Y lo cierto es que, sin necesidad de establecer comparación alguna, los doce cortes de este This Is The Sonics! suponen una dosis de inusitada energía, un tsunami a caballo entre el punk más rabioso y el rocanrol de base clásica que destila pura esencia garajera, de esa que ellos mismos trajeron al mundo hace cincuenta años.

La formación actual cuenta con tres miembros originales, Gerry Roslie (órgano y voz principal), Larry Parypa (guitarra y voz) y Rob Lind (saxo, armónica y voz) que son arropados en la parte rítmica por dos clasicazos dignos de pasar a formar parte de la familia Sonics: por una parte Dusty Watson, el que fuera batería de Dick Dale, y por la otra Freddie Dennis, bajista en The Kingsmen y Liverpool Five, que, además de las cuatro cuerdas, asume junto a Roslie las voces principales. Por su parte, la producción corre a cargo de Jim Diamond, bajista de The Dirtbombs y productor de The White Stripes o The Fleshtones. Su sola presencia garantiza un personal sello de identidad pero su verdadero mérito radica en haber sabido devolver a la banda su particular sonido y que lo hayan hecho con una rabia y una contundencia casi impensables.

Aunque en 1980 editaron Sinderella (Bomp Records), revisión ochentera, irregular y con poca gracia de algunos de sus temas clásicos, es este This Is The Sonics!, como queda dicho, su primera entrega de material nuevo desde 1966 si excluimos el EP Sonics 8 (The Sonic Record Co, 2012), un más que digno 10” que, junto a versiones en directo de algunos de sus himnos, incluía cuatro nuevas canciones que pasaron relativamente desapercibidas, como si de un simple divertimento se tratase, pero que, en cierta medida, anticipaban ya la tormenta actual. Porque el nuevo álbum, grabado como no podía ser de otra forma en directo y en mono, es una tromba desde su arranque y, además, desborda sinceridad en cada acorde: todo suena a The Sonics, sin titubeos ni experimentos, con esa rabia y esa energía increíbles que fueron su sello característico en sus pocos años de existencia en la década de los sesenta.

En cierto modo, el disco supone además una especie de homenaje a las propias raíces de la banda y junto a los temas propios, son varias las versiones que se hacen hueco en el álbum, siguiendo un esquema más que común en las grabaciones garajeras de los años sesenta y superando incluso en número a las composiciones propias. Y, al igual que entonces, todas las versiones se mueven cómodas, se acoplan a la perfección logrando que las doce canciones en conjunto funcionen como un bloque sólido.

El disco se abre con contundencia, mostrando toda la artillería pesada: aquel I don’t need no doctor que magistralmente interpretaba Ray Charles arranca aquí salvaje, con su riff pesado y repetitivo y un piano casi cabaretero que deja que luego se incorpore el majestuoso saxo de Rob Lind, omnipresente en todo el álbum, aparezcan los coros y se multipliquen los gritos para lograr un vendaval sonoro de una magnitud más que considerable. Toda una declaración de intenciones que continúa con la acelerada Be a woman, el tema de los australianos Persian Rugs (aquella “extensión” de los míticos Hoodoo Gurus) que torna su arranque blues a lo Jack White en punk desquiciado y ensordecedor y cuyo ritmo básico y troglodita ve su continuidad en Bad Betty, canción elegida como primer single del álbum y también la primera composición propia del disco, que incorpora un acertado órgano en la parte central del tema para entrar en diálogo con el saxo y cerrar un tríptico de presentación absolutamente demoledor.

Los temas prestados vuelven a aparecer con You Can’t Judge a Book, ajustada versión del tema de Willie Dixon que ya realizó Bo Diddley, o Leaving Here, el tema de Eddie Holland que en los sesenta se convirtió en un estándar clásico de garaje y que The Sonics grabaron para Sinderella pero que ahora revisan con un nuevo espíritu que hace sonar casi ridícula a aquella versión de 1980. Incluso rinden tributo a The Kinks adueñándose y radicalizando el sonido de The Hard Way, el corte del infravalorado Schoolboys In Disgrace que los británicos editaron en 1977.

Pero entre la intensidad de This Is The Sonics! cabe también el rocanrol de raíz, tamizado por supuesto por el más puro estilo salvaje de Little Richard. Así, el Sugaree de Marty Robbins es despojado de toda ingenuidad y Look At Little Sister, la acertadísima revisión del clásico de rhytm & blues de Hank Ballard & The Midnighters, participan de esa parte más 50’s del disco y son transformados en primos lejanos de Cinderella. También el blues de Guitar Shorty y su I Got Your Number, el tema de Bob Halligan Jr., se ve arrasado por el torrente de distorsión y decibelios acordes con ese number 666 del que habla el estribillo y se anticipa a Livin’ In Chaos, quizá el corte más esquizoide y salvaje del álbum, que se ofrece incendiario, rebosante de rabia y actitud punk en cada nota. Para cerrar, dos nuevos temas originales, la divertida Save The Planet y su etílico “we’ve got to save the planet, it’s the only one with beer” y la irrebatible Spend The Night, ponen fin a gozosa media hora del mejor y más puro garaje.

Después de su gira por EEUU con Barrence Whitfield, quizá su discípulo más aventajado, y Mudhoney, sólo nos queda esperar que se decidan a saltar a Europa y podamos disfrutar de su puesta en directo como lo hemos hecho en las ocasiones anteriores, pero ahora con el placer añadido de poder escuchar y participar de las nuevas canciones.

En fin. Suban el volumen, The Sonics han vuelto.

Temas destacados: “I Don’t Need No Doctor”, “Be a Woman”, “Bad Betty”, “Save The Planet”

Sello: Revox Records (2015)

Escúchalo en Spotify

 

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Miguel Sáez Martín

Miguel Sáez Martín

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