[Crítica] Queens Of The Stone Age – “…Like Clockwork”

queens-of-the-stone-age_like-clockwork-608x6082Cada generación engendra a sus propios genios e ilustres hombres (incluyendo mujeres), unas veces reconocidos, otras veces ninguneados, otras ignorados. Esta última sería la situación de Josh Homme, “engendro renacentista del nuevo milenio” -en palabras de Alberto Díaz en la Ruta 66 de junio de 2011-, incomprendido en su magnificencia, y confundido como mero impulsor de bandas de éxito, sin tener en cuenta que nos encontramos con uno de los compositores más dotados del rock. Todavía queda mucho para que sea reconocido como tal, pero creo que a él no le importa una mierda ese hecho.

“…Like Clockwork” es introspección pura y dura. Ante los avatares de la vida, que en ocasiones procura experiencias cercanas a la muerte -consultad sus últimas entrevistas donde bromea con macabra ironía sobre su operación de rodilla que casi le manda al otro barrio- se suele responder con mayor creatividad, como si la inventiva fuera el bálsamo cura-penas infalible para males mayores. Este disco es el retoño fruto de la experiencia traumática vivida por el macarra convertido a padre.

Sin embargo, la Reina no puede sobrevivir sin la colmena, por lo que este último álbum está trufado de colaboraciones y reencuentros como el de su enemistado amigo Nick Oliveri. Aún así, dichas colaboraciones quedan suspendidas bajo el hálito de la música, sin grandes representaciones. Aquí los invitados agradecen la llamada del anfitrión.

“…Like Clockwork” no es “Era Vulgaris” ni mucho menos la segunda parte “Songs For The Deaf”, y hay que reconocer que ha sido del todo honesto al reconocer el propio mentor que este disco “no es el más perfecto”. Cierto. No lo es. ¿Alguno lo ha sido?

Dejando atrás esta disquisición, digamos que predomina un ambiente oscuro, devenir que se venía apreciando desde “Lullabies To Paralyze”, y que aquí impregna el tono de los diez cortes, sin distinción. Lejos queda la idea que la humanidad representa un rebaño de autómatas narcotizados sin sentimientos ni emociones, sirviendo de alimento para el propio hombre, en una especie de revisitación de “homo homini lupus” de Hobbes – estilizado bajo el trabajo del artista británico Boneface, de raíces expresionistas, en los cinco impactantes videos que aparecieron en la campaña de marketing del disco- para virar hacia una reflexión sobre la muerte, la amistad, el amor y Dios (no al estilo místico de Head)

“Keep Your Eyes Peeled” martillea fuerte, con un riff pétreo comparable a los últimos Alice in Chains, donde se constata ese proceso traumático del que hablamos (“Si la vida es un sueño/ Despiértame”). La amistad perdida se hace patente en “Fairweather Friends”, (“Hay alguien ahí, o estoy caminando solo?/ Me di la vuelta y encontré que se había ido antes de que cayera la primera lluvia”) que cuenta con la inestimable colaboración de Elton John, a la voz y piano, y del inquieto Dave Grohl, que vuelve a grabar una batería inmensa, para el recuerdo.

Si echábamos de menos la pegada de temas como “Little Sister”, aquí tenemos a “I Sat By The Ocean” y “My God Is The Sun”, con esos riffs punzantes y esos punteos que se deslizan como serpientes por el desierto, tan típicos del grupo.

Josh Homme amplía su faceta de crooner alquímico en “The Vampyre of Time And Memory”, “If I Had A Tail”, “Kalopsia” (con Trent Reznor de convidado de piedra) y “Like Clockwork” empleando el falsete con mayor asiduidad que a la que nos tenía acostumbrados; en una especie de feminización de la voz, con intención de crear espacios de ruptura con el tono general de las letras y la propia actitud del cantante, que siempre ha presumido de hombría y masculinidad. La verdad que deja algo descolocado al oyente despistado. “Smooth Sailing”, explota esta faceta andrógina con el apoyo de Jake Shears de Scissor Sisters.

Para el final dejo “I Appear Missing”, un medio tiempo con estribillo perforado de melodías sinuosas, y con una sonoridad tórrida como un mediodía en el desierto, exponente de lo mejor que podremos escuchar en este “…Like Clockwork”, donde Queens Of The Stone Age han sabido medir el tiempo para ofrecernos -compartiendo la cita de Elton John– el disco más destacado de los últimos cinco años en el panorama rock.

Obra monumental, y puntual como un reloj.

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