[Crítica] Nonno – “El que ríe el último”

Portada-El-que-Ríe-el-Último-cuadrada-382x383En estos días de tediosa saturación preelectoral, los madrileños Nonno parecen haber presentado su particular candidatura musical para acceder al palmarés de los mejores discos de hard rock nacional del año y dejar de paso una huella que esperamos sea profunda y, sobre todo, que alumbre y marque el camino de un futuro inmediato para lo que se nos antoja una banda en crecimiento imparable. Porque, publicado tras una exitosa campaña de crowdfunding y tan sólo un año después de su recomendable Directo en Caracol, este El que ríe el último, su tercer álbum de estudio, supone un paso de gigante en la trayectoria de esta singular banda y un claro salto cualitativo con respecto a El futuro ya

no es lo que era (2010) y Ego (2013), sus discos anteriores. Si estos dos álbumes, correctos sin duda en su factura, adolecían no obstante de cierta carencia de personalidad, es este El que ríe el último en el que Daniel Serrano y los suyos aciertan a construir un monolito sonoro de una contundencia y una rotundidad más que notables. Bajo un acertado formato de mini-LP con sólo seis cortes y una duración total de en torno a media hora, el álbum destapa todo lo mucho que Nonno puede ofrecer y dibuja un envidiable catálogo de presentación: letras elaboradas, composiciones meticulosas y una calidad técnica en todos y cada uno de los instrumentos que deja traslucir una compenetración máxima entre los miembros de la banda. Quizá sea esto lo que les permite modelar con mimo un artefacto rotundo, de enorme peso específico, formado por un bloque de canciones densas que colocan un pie en el hard rock setentero pero que se cimentan sobre unos cuidadísimos textos no exentos de carga política y de lectura social que desembocan en una especie de activismo hippie en el que el amor, la libertad, la actitud crítica y la lucha hermanada se erigen como motores y razones únicas de la existencia. Es desde ahí desde donde el verso Debo todo al amor, él me protege de la sinrazón se transforma en grito de guerra en el estribillo de Mientras se ponga el sol, el majestuoso tema que abre el disco. El corte, del que recientemente han presentado un magnífico videoclip a modo de pequeño cortometraje, se inicia con un inquietante solo de órgano al más puro estilo John Lord, recordando a aquellas grabaciones de reminiscencias sinfónicas propias de gente como The Nice o Emerson, Lake & Palmer, que genera una atmósfera oscura, casi catedralicia, idónea para acompañar a la plegaria de la voz semidesnuda. Estos primeros versos, introspectivos, suenan a oración íntima y arañan el aire antes del potente estallido de guitarras, bajo y batería que pasa a emparentar al tema con Dio, pero en cuyo desarrollo posterior no es difícil reconocer también ecos de las guitarras pesadas de los Crazy Horse de Neil Young (no en vano el inmortal Rockin’ in the free world del canadiense aparecía versionado en su disco en directo de 2014) antes de alcanzar la coda final, que es puro hard rock con referencia dirigida ahora hacia el Highway Star de Deep Purple para lograr unos momentos absolutamente grandiosos que cierran el círculo de este enorme primer corte, arranque espectacular para el disco y sin duda una de sus cotas más elevadas.

Con toda la artillería destapada y presentadas las credenciales del sonido Nonno, aparecen las sirenas que anteceden a la críptica El enemigo, canción ya incluida en su Directo en Caracol y que era allí además la encargada de abrir el concierto. La intensidad del tema anterior continúa aquí, pero la introspección previa se torna ahora rabia y esa ira se ve perfectamente arropada por el trabajo de unas guitarras contundentes hasta el extremo que llevan el peso de la canción, sosteniéndola y completando un auténtico ciclón: voces dobladas y dos minutos iniciales de pura energía dan pie a un interludio que antecede a la irrupción explosiva de un torrencial solo de guitarra antes de abordar el desenlace final en el que la voz cobra de nuevo relevancia con la exclamación definitiva y el desaforado grito de ”¡El enemigo soy yo!” pone el punto culminante al que probablemente sea el tema más duro del álbum.

Curiosamente, es abandonando los decibelios y el sonido duro de las dos primeras pistas cuando aparece el tema más especial del disco. Casi rememorando a Johnny Cash surge Morir siempre de pie, lamento cargado de western, sonido de espuelas incluido, que, sin embargo, de esa manera que sólo una canción lo puede hacer, logra contagiar energía, transmitir ese ánimo que lleva a apretar los dientes, que nace de la empatía y que obliga a cerrar los puños con furia contenida. Con guitarra acústica y reflexiva voz grave, ese “no hay más salida que morir siempre de pie” se repite como una letanía a lo largo del tema. La estructura más narrativa de los temas anteriores se rompe aquí para someterse a un esquema mucho más básico pero que va ganando en complejidad con la adición de los distintos instrumentos: coros, percusión, guitarra eléctrica y teclado se incorporan en los sucesivos estribillos haciendo avanzar al tema hasta ese final propio de Ennio Morricone, silbidos a lo Kurt Savoy incluidos, configurando un tema fabuloso y completamente adictivo, sin duda alguna otra de las cimas del disco.

Con El espectador, tan voraz como magnífica crítica al poder depredador del mundo de la televisión, retornan el músculo y el sonido potente, pero se mantienen también la intensidad y la calidad compositiva. La presencia punzante de la guitarra solista se ve acompañada por el rasgado sutil de una guitarra acústica hasta la entrada de la voz, momento en el que el texto adquiere el protagonismo principal: “Bienvenido al circo que ocupa tu mente” es el saludo de las hienas mediáticas que dogmatizan y fabrican realidades a su antojo, ante las que “será fácil creer, será imposible resistirse”. El texto se desgrana sobre guitarras hirientes que dejan paso a pasajes de mayor calma en los estribillos, momentos en los que se incorpora el teclado para suavizar la atmósfera y dotar al tema de un aire similar al de aquellos primeros Cuatro Gatos de Juan Miguel Rodríguez y Pedro Vela. De hecho, la presencia de los teclados resulta muy acertada en los momentos en los que hacen su aparición a lo largo de todo el disco, aportando una textura añadida que enriquece enormemente el sonido del grupo.

Después de El espectador llega el turno de Frío, que, quizá por simple comparativa con su antecesora, pierde algo de la contundencia que venía caracterizando al álbum. Canto contra la desidia, la necesidad de cambio y la búsqueda de un faro vital, de “una forma de intuir la dirección que me aleje de este frío,” de esa pasividad en la que habitamos. El tema conserva la preocupación por la letra, lo que es una maravillosa constante en todo el álbum, y se construye sobre una melodía que supone una cierta concesión a un rock menos pesado que, aún estando perfectamente ejecutado, goza de menos atractivo que los cortes previos.

Para cerrar el disco, Vencidos retoma el aire country de Morir siempre de pie, aunque no posee la contundencia de aquella. Agresiva en su mensaje contra el poder establecido, esa combatividad no se transmite a la instrumentación y eso se echa en falta. Apoyada en exceso en el texto, se sacrifica el bloque sonoro propio de la banda para sumergir al tema en un rol semiacústico en el que siguen apareciendo algunas pinceladas interesantes en segundo plano (punteos, teclados, twangs), pero en el que se echan mucho de menos los decibelios y la rotundidad características de Nonno, ofreciendo quizá el corte menos acertado del disco.

No obstante, nada puede enturbiar el buen sabor de boca que queda tras concluir este más que notable disco. Su esencia parece crecer con cada escucha, enriqueciéndose y permitiendo descubrir matices y paladear cada corte hasta degustar todo lo que esta banda con versatilidad envidiable ofrece.

El próximo día 26, antes de terminar el año, inician en Madrid una extensa gira de presentación que les llevará por varias ciudades del territorio nacional durante los primeros meses de 2016. Esperemos que su acogida esté a la altura de lo que este El que ríe el último merece.

Temas destacados: “Mientras se ponga el sol”, “Morir siempre de pie”, “El espectador”.

Sello: Autoproducido (2015)

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Miguel Sáez Martín

Miguel Sáez Martín

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