Los límites morales del arte

Anterior1 de 2Siguiente
Utiliza las flechas para navegar

Michel Houellebecq, uno de los escritores más prestigiosos a nivel internacional -para muchos, el último gran novelista francés- pronunció una frase profética en una entrevista concedida al diario El País: “La élite está asesinando a Francia”. Esta frase no es sólo extrapolable al país pirenaico, sino también a España. Houellebecq siempre se mostró partidario de que la creación artística no se circunscribiera a los frenos que la convivencia y los usos sociales imponen, sino que ésta fluyera con total libertad. Lo cierto es que, en muchas ocasiones, lograr esto en España es difícil. Nuestro país tiene un grave problema en ese sentido. Si algo nos deparó la crisis económica del año 2008, aparte de una de las grandes crisis del sistema liberal en los últimos sesenta años, fue una problemática, aun sin resolver, y que el tiempo intensificará todavía más: el papel del músico como Oráculo de Delfos; es decir, la labor del músico como si fuera la respuesta a todos los problemas. No funcionan así las cosas.

soundgarden

En primer lugar: el músico no tiene por qué tomar partido político por nada. Un creador puede responder a las necesidades sociales, de acuerdo, pero, ante todo, a las que les son las propias: el arte como creación orgánica. El músico no está para educar, ni mucho menos. Tiene plena libertad para decidir a qué público dirigirse, o no hacerlo ante nadie. No le pidamos responsabilidades a alguien que no las tiene. ¿Por qué digo esto? Porque, de un tiempo a esta parte, pedimos que los músicos, escritores, cineastas -¡e incluso futbolistas!- hagan labores que no les corresponden. Este tipo de pensamiento plácido a que todo el mundo diga lo que queremos oír; ese miedo, muchas veces a salirse de una determinada de estructura de pensamiento, sí que está matando no sólo a España, también, sino a la música en general. Reflexionemos, por ejemplo, sobre la canción Burden in my hand de Soundgarden. En ella, el conjunto de Seattle habla sobre cómo calcinar el cadáver de tu ex-novia. Evidentemente, es un tema complejo. El maltrato hacia la mujer, desgraciadamente, siempre ha estado presente en la historia; pero nunca ha sido ajeno en el mundo del Rock. Pensemos, por ejemplo, en Berlín de Lou Reed: un disco en el que el neoyorquino, usando la capital alemana como enlace para glosar sus vivencias, usa a los personajes de Caroline -una prostituta- y de Jim -su proxeneta-, para hablar de cómo, muchas veces, el entorno genera su propia basura, y volcamos nuestras frustraciones sobre quienes no tienen culpa.

Anterior1 de 2Siguiente
Utiliza las flechas para navegar
The following two tabs change content below.

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR