Entrevistamos a David Poblete

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Nacido en Chile, donde estudia música desde muy temprana edad y se licencia en Musicología, Estética e Historia del Arte, David Poblete se ha convertido desde su llegada a España en uno de los pianistas de jazz más interesantes del panorama nacional.

Conocido por sus colaboraciones con diversos proyectos, actualmente se encuentra presentando su cuarto álbum de estudio en solitario, Suite del Sur, publicado el pasado mes de agosto.

Esta es la entrevista que hemos mantenido con el músico a raíz del lanzamiento de este nuevo trabajo discográfico.

¿Cómo surge la idea del disco?

Ya hacía un tiempo que tenía interés en llevar a cabo un proyecto de envergadura, que englobara composiciones de tiempo atrás y material nuevo con el que estaba trabajando. El primer disco que hice en 2003, con Jacarandá, una banda chilena, ya contenía parte del material de Suite del Sur. Pero cuando lo grabamos fue una especie de milagro, o locura, tal vez. Yo ya tenía fecha para trasladarme a Barcelona y el disco (Farellones, 2003) lo grabé en un día, toda la parte del piano, solo, con claqueta. Es un método que raya en el delirio, claramente, y que hoy no reproduciría; pero en esa época de cambios apasionantes acepté el desafío, si se puede llamar así. Los temas tenían cambios de métrica y diversos giros rítmicos, es decir el metrónomo iba a la corchea…, ¡vamos, una locura! Luego ellos, grandes amigos y músicos extraordinarios, Sebastián San Martín al bajo y Christian Hirth a la batería (que me impulsó a tirar para adelante el proyecto), tocaron todo encima. Una vez en Barcelona, en una visita de mis padres, al cabo de un año más o menos, me trajeron el disco. Fue la primera vez que lo escuché. El resultado, dadas las condiciones, fue más que aceptable. Diez años más tarde cuando surgió la idea de este proyecto (también impulsado por otro gran amigo técnico de sonido, Marc Pinya), por cómo está la logística musical hoy en día, supe que en algún nivel se parecería a la producción de Farellones. Pero una cosa estaba clara, todos los instrumentos serían acústicos, tocaríamos al mismo tiempo sin recordings y con edición mínima. El proyecto tenía que contar, para hacer una producción eficaz, con unos arreglos absolutamente definidos y claros, si bien con espacio para la improvisación. A partir de ahí, las decisiones fueron llegando prácticamente solas.

¿De cierta manera, podría considerarse un álbum conceptual inspirado en el Mundo Latino?

Sí, en el sentido de la Suite Panamericana del gran Paquito D’Rivera, que en ese trabajo magnífico se convierte en un auténtico musicólogo que lleva a cabo una verdadera exégesis de la música latinoamericana. Yo asumí algunos de los ritmos latinos que más me atraen, haciendo citas también a la parte más austral, lógicamente, Chile, pero mezclado con mi trasfondo clásico y jazzístico e incorporando algunos aspectos ibéricos. Yo le llamo, un poco pretensiosamente, fusión iberoamericana. En suma es el reflejo de lo que es la ‘identidad’ de los países latinoamericanos. Un embutido de aspectos indígeno-criollos con música europea y, cómo no, norteamericana.

¿Te facilita el propósito el hecho de producir, componer y arreglar el disco íntegramente tú mismo?

¡Sí! (risas), todo lo que puede ‘facilitarte’ básicamente el hacer todo el trabajo tú. La comparación que me viene a la cabeza es la disyuntiva entre ser autónomo y asalariado. “Sea su propio jefe”, dicen por ahí algunos anuncios. Pero la verdad es que es bastante más difícil de lo que parece, ya que, a pesar de tener sus compensaciones, es un proceso muy solitario en el que lo que cansa más es tomar todas las decisiones. Como contrapartida, haces lo que tú realmente quieres, y eso es muy gratificante.

¿El tema que da título al disco, podría ser el mejor reflejo de lo que quieres expresar en él?

Sí, la idea de la Suite Barroca como una colección de danzas se amolda muy bien al concepto que quería transmitir. Los temas son todos, a su manera, ‘danzas’ de distintos lugares de Sudamérica y parte de la Península Ibérica. Si bien la parte III de la suite, ‘Trópico’, es la más evidentemente bailable, por así decirlo, todas guardan una base rítmica muy clara con aires de danza. Y también un cierto afán musicológico quizás, de aunar, de establecer un hilo conductor que intenta sintetizar una cierta cultura musical, la latinoamericana con destellos ibéricos.

¿Te llevó mucho tiempo elegir los ocho temas?

La idea de la Suite abarcó de inmediato la mitad del disco, y fue también la que mayor trabajo me supuso, por la complejidad de algunas de las partes y el nivel de detalle de los arreglos. Quería que todo estuviera muy claro, las líneas de bajo en muchos sitios son obligadas, y a ratos se comportan un poco como el barroco, como una voz más, y no meramente con base armónica. Como soy baterista, los arreglos de batería de la suite están muy definidos, escritos con mucho detalle, algo inusual fuera del ámbito de la música docta contemporánea. Las partes de trompeta son también muy exigentes, con un nivel de dificultad melódica notable. Toda la energía que abarcó la Suite, se apoya en el ‘relajo’ de los otros temas que hacen un poco de cojín y que completan, un poco como sería en un concierto, la propuesta.

En el álbum rindes un tributo a Paco de Lucía y Mulgrew Miller. ¿Son dos de tus referentes?

Durante la producción del disco, me enteré por la radio de la muerte de Paco de Lucía. Me impactó muchísimo porque fue en el instante mismo en que había ocurrido. Los titulares al día siguiente, en su gran mayoría, concordaban con una descripción casi unívoca: “Adiós al genio humilde”. No se puede hacer mejor, ¿No?, ser un genio y, además, humilde. Pensé que compondría un tema en la órbita de Paco de Lucía (también bajo el influjo del gran Chano Dominguez y Chick Corea, en quien de Lucía dejó una gran huella) y escribí en muy poco tiempo un tema que intenta capturar la atmósfera de su música y en el que el piano a ratos se convierte en una guitarra. El caso de Mulgrew Miller, un pianista extraordinario y de una humildad increíble, que comencé a escuchar hace muchos años, que también falleció prematuramente y que sin duda ha sido para mi un referente, también merecía un homenaje. Compuse ‘Nostalgia in Plaza Veinat’, dedicada a él, que recoge un poco la atmósfera de una versión suya de ‘My man’s gone now’, de Gershwin, a piano solo, que me impactó en su día y lo sigue haciendo. Por lo tanto, sí, ambos son grandes referentes musicales, pero sobre todo, humanos.

Imagino que David Pastor, Tom Warburton y Marc Miralta son tres artistas que admiras.

Por supuesto. Con David, ya nos conocíamos porque el colaboró en un proyecto previo (Saltsazz), y de inmediato me encantó su inmensa musicalidad y virtuosismo junto con su hospitalidad valenciana. Y tuve claro que si conseguíamos cuadrar las agendas, el sería el solista del grupo, además de que es un amante de la música latina. Luego contacté con Marc Miralta, con quien de inmediato sintonizamos. Su trayectoria, seriedad e implicación se manifestaron rápidamente durante la preproducción, los ensayos y grabación. Si piensas él ha tocado con Paquito, por lo tanto, en algún nivel, desde la inspiración inicial hasta los músicos, el círculo se cerraba. A Tom no lo conocía personalmente, pero lo había seguido durante tiempo en las jams del Café Royale, de Barcelona, y siempre me había parecido un contrabajista extraordinario, con un sonido pulcro y afinación prístina.

¿Qué aportan al disco?

Todos ellos aportan muchísimo, con su ejecución precisa y con su calma, una calma que impregnaron al disco, imprescindible para materializar un álbum en las condiciones actuales. Luego, a nivel formal, hicieron varias sugerencias y comentarios que yo recibía encantado. Luego de toda la preproducción, solo contra los arreglos, deseas que te sugieran cosas, que te retroalimenten, y ellos fueron muy propositivos. Marc, por ejemplo, hizo diversas sugerencias sobre la estructura realmente muy valiosas que aplicamos enseguida.

¿Me podrías definir qué papel juega cada sección (viento, percusión, cuerda) en el álbum?

Bueno, en gran medida siguen el papel tradicional de sus respectivos instrumentos. La trompeta canta la mayor parte del tiempo, el piano hace un soporte armónico contínuo y también canta, a veces solo, otras, al unísono con la trompeta. El contrabajo también actúa a veces en la línea, si bien generalmente apoya la armonía, y la batería ofrece una base rítmica fundamental en este tipo de música.

¿Qué te llevó a grabarlo en Los estudios 44.1?

Como apuntaba antes, una vez tienes claro los principios del proyecto, todo se encarrila solo. El piano, lógicamente era el factor decisivo. Estudios hay muchos, pero son contados los que disponen de un gran cola Steinway. Luego, la infraestructura de 44.1 es de primer orden. La ubicación también es muy cómoda, ya que al estar en el extrarradio se facilitan muchas cosas. Y, por supuesto, el técnico. Toni París es sin duda unos de los mejores en este género y una persona muy propositiva y resolutiva, siempre dispuesto a ‘mojarse’, pero con fundamento. Esto yo lo valoro inmensamente, porque necesitas ayuda, eso está claro.

¿Qué te ofrecía Youkali Music para publicarlo con ellos?

Thomas Schindowsky está haciendo un trabajo magnífico con Youkali. Es uno de los pocos sellos que está trabajando actualmente con el jazz y las músicas no comerciales. Además, tiene un nivel de actividad notable y trabaja con una seriedad y detalle muy gratificantes. Su sello Youkali Music fue la primera opción. Inmediatamente conectamos y todo fue sobre ruedas, también hizo varias aportaciones a nivel de concepto del disco.

Al margen de tu faceta como intérprete, diriges el Centro de Estudios Musicales Espai Jazz Academy. ¿Cuál es la labor del centro?

Pues básicamente formar a gente que le interese hacer música en general y jazz en particular. Debido a mi trasfondo, la música clásica siempre es el inicio y de conocimiento obligado para los alumnos que comienzan, y luego, claro, el jazz con toda su libertad creativa es el aspecto más valioso desde el punto de vista pedagógico. Es decir, sé tocar mi instrumento y ahora voy a crear algo, voy a dejar la partitura un momento de lado y me voy a inventar un solo. Para mí, ambos aspectos son fundamentales. La lectura es esencial. La mayoría de las veces, los alumnos la rehúyen o le temen, en mi opinión por un enfoque pedagógico deficiente o mal dirigido. Si te lo curras con un alumno, no tiene por qué rechazar la lectura musical. También pasa lo contrario, hay alumnos que temen la improvisación. Aquí hay otro proceso a realizar, enseñas unos ingredientes (escalas, frases) y luego alientas al alumno a que ‘cocine’ algo con ellos (un solo).

¿Consideras que la música jazz está siendo bien preservada?

Fundamentalmente gracias a unos insobornables músicos que a pesar de todo perseveran y persisten, y a un público que también persiste y apuesta por ellos. Se preserva por la producción propia de los artistas y la gente, no con arreglo a políticas culturales que, como se ha visto, la mayoría de las veces más que ayudar, dificultan.

¿Qué estado de salud tiene el género en España?

Bastante bien, considerando todo. Hay muchos músicos y muy buenos, más que salas para tocar, lo cual es un problema. Pero los músicos tenemos que hacer lo que podamos, lo que esté en nuestras manos, para tirar para adelante con dignidad y calidad. No es fácil, ¿pero si no qué? Este proyecto que he hecho yo, por ejemplo, autoproducido, autotodo, básicamente, es un esfuerzo colosal en todos los sentidos, pero al final tiene su recompensa.

¿Cómo ves el género de aquí a una década?

Pues confío que mejor. Hay varias escuelas de referencia en España que están formando músicos excelentes y esperemos que la política cultural acompañe un poco más (digo un poco más, porque dudo que veamos el día en que esta nos allane el camino al olimpo); pero sobre todo pienso que nosotros tenemos que desafiar al sistema con una indiferencia al menos equivalente a la suya, como decía Baudrillard, ¿en qué se traduce eso? Pues en seguir haciendo música como sea.

¿Tienes algún trabajo más entre manos?

Sí, varios, ahora mismo estoy trabajando en un proyecto transfronterizo con músicos franceses, muy interesante. Un trabajo más centrado en la tradición del cual ya tenemos un trabajo grabado pendiente de postproducción. Si todo sale bien, a comienzos del 2017 ya lo tendremos aquí. Luego también tengo en marcha un proyecto de musicalización de poesía, a ver cómo se va desenvolviendo.

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