Entrevistamos a Copiloto

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Foto por Gustaff Choos

Copiloto está de vuelta con su trabajo más introspectivo si cabe. Una muestra de la versatilidad compositiva de Javier Almazán, capaz de combinar estados luminosos con otros más oscuros, en un ejercicio por adentrarse en una sonoridad mucho más rotunda y que se aleja del pop cotidiano.

Aprovechando el lanzamiento de “Los Puentes Hundidos” hemos querido conocer de primera mano cómo se encuentra el “Universo Copiloto”, y el resultado no ha podido ser mejor. Aquí nuestra entrevista:

Cuatro años desde tu última referencia discográfica. ¿Qué has hecho durante todo este tiempo?

Lo primero que hice fue resituarme. Decidir si tenía algo contar o no. Si la respuesta hubiera sido negativa lo hubiera dejado estar. Mientras decidía eso, y por si acaso encontraba algo, me puse a buscar la ropa con la que vestiría esas canciones. Esto es, la música, el estilo. Porque nunca he sido seguidor de un sonido en concreto. No como músico ni como melómano. Para mí el sonido no es una religión sino que es algo flexible. Escuché muchísimos discos de muchas épocas. Lo único que tenía claro era que no quería repetirme y, sobre todo, no quería hacer un ejercicio de estilo. (Los ejercicios de estilo, asumidos por algunos sectores, como algo auténtico y original ha originado enormes confusiones sobre esa cosa tan etérea y cansina que es “lo auténtico”). Me gustan los ejercicios de estilo y no descarto hacer alguno en el futuro, pero no era el momento, quería hacer otra cosa.

Parece que el tiempo ha sido reflexivo. Y es que si algo destaca en “Los Puentes Hundidos” es la existencialidad de las letras. ¿Buscabas un sentido así en el álbum?

Una vez terminadas las primeras maquetas, Pablo (Malatesta, uno de los productores) me hizo notar que las letras tenían algo de generacional. Que hablaban de temas que afectan a mucha gente y de las que pensaba que no se habían tratado lo suficiente. Más allá de temas eternos como el amor, la soledad o el miedo, los textos tratan al fin y al cabo de una generación estafada, de planes truncados, de la capacidad de adaptación a los reveses, de encajar golpes, del mazazo que es llegar a la vida adulta con toda su crudeza, con todo su cinismo y con todas sus mentiras. Hay rabia y enfado en las letras.

Y con la letra la música. ¿Decimos adiós al pop?

Desde luego ha supuesto un cambio. El pop “luminoso”, los coros, los arreglos preciosistas, han dado paso algo más oscuro, menos amable. Por espíritu es un disco mucho más rock. Es un disco de hartazgo e incluso asqueo en algunos momentos. Son sentimientos por los que hemos pasado muchos últimamente. Le he puesto música a eso. No he dejado muchos huecos para la luz porque no han sido años luminosos. Ni para mí ni para mucha gente a la que conozco y quiero. Algunos han sufrido mucho y lo siguen haciendo. Hay que ser optimista aunque a veces hay que proponérselo de verdad. La vida es (o debería ser) maravillosa. En este disco hablo de cuando no lo es.

A excepción de temas como “Fulminado” o “¿Crecer Es Matar a un Niño?”, “Los Puentes Hundidos” es un disco más denso, y menos directo para el gran público. ¿Cómo está siendo la respuesta?

Mucho mejor de lo que había esperado. Mientras lo estábamos preparando (le dimos tantas vueltas a todo…) yo le decía a Pablo: “me parece que este disco sólo nos va a gustar a nosotros”. Pero me empeñé en seguir. Tenía que hacerlo. Este es un disco totalmente necesario para mí. Ha marcado un punto de inflexión en mi carrera. Eso lo sabía desde que lo empecé a escribir… Pero no esperaba una respuesta tan buena porque no es un disco fácil si lo comparas con los anteriores. Debo decir que estaba preparado para el peor de los recibimientos. Quizás por eso estoy encantado.

Has publicado “Los Puentes Hundidos” además de en Cd en una edición limitada de 250 vinilos. ¿Hay esperanza todavía para sentir la magia de escuchar un disco al completo como antes? ¿O esto en la época digital ya se ha perdido?

Me parece que va a ser complicado, que el público en general vuelva a escuchar discos de larga duración enteros (y con las canciones en el orden pensado por el autor). Hay que ser realistas. La paciencia para hacerlo requiere de un esfuerzo y de un entrenamiento que ya no tiene lugar en el mundo actual. Lo cual no es ni bueno ni malo, simplemente es así y hay que aceptarlo. Es el signo de los tiempos. Mis hijos (espero) valorarán lo que es un LP o un vinilo o un libro de papel o una tarde en el cine porque sus padres adoran todo eso. Se están criando en ese entorno. Saben lo que son los vinilos y los LP y quizás los usen porque les recuerde a su infancia o por puro placer. Pero lo normal en niños de su edad es que los padres les hagan playlists (o seleccionen playlist ya hechas), les bajen películas para verlas en un móvil o una tablet, los libros los leerán en ebook y seguro que quitarán menos polvo que yo. No es realmente importante. Son sólo maneras de disfrutar de las cosas. La música, el arte, se abrirá camino de una forma u otra. Lo importante es el contenido. Otros van más al campo o comen de una manera más equilibrada.

Quiero decir que puedo transmitir a mis hijos mi forma de disfrutar de la música pero debo entender y aceptar que no es la única forma y que puede ser que ni siquiera sea la mejor. Aunque para mí lo sea. Esa “magia” se mantendrá en algunas casas y en otras se mantendrá la “magia” de tener un pequeño huerto, cuidarlo y verlo crecer.
Es el signo de los tiempos. Sólo los necios creen que lo suyo es lo mejor porque es lo suyo.

En alguna ocasión has comentado que eres más músico de estudio que de directo. Imagino que tal como está el tema musical, ser solista implica un grado mayor de complicación para tocar, o no…

Totalmente. Este disco ha sido mi Fizcarraldo y lo seguirá siendo hasta que acabe esta gira que me he empeñado en hacer y que seguramente me arruine un poco más. He tirado la casa por la ventana y vamos a ser 5 sobre el escenario. Hacía como diez años que no tenía local de ensayo, no te digo más. Es una locura salir a tocar, siendo solista, con banda y sin agencia ni ayuda. Yo me ocupo de oreganizar los viajes, los desplazamientos, hoteles, comidas, parking, salas, promo, mailing, comunicación, booking etc etc etc etc. “Mis” músicos, que también son amigos, me ayudan en lo que pueden y son muy generosos y comprensivos, pero no es su labor e intento mantenerles al margen. Que sólo se preocupen de tocar, que es como debe ser. Ir por libre, ser solista y llevar esta banda es algo que yo decidí y que disfruto aunque a menudo me genere estrés. Parte de eso es el precio de la independencia, el precio de la libertad. Por eso lo aprovecho al máximo. Porque siempre piensas que será la última salida con banda. Y en cierta manera lo es. Porque todas son diferentes. Y en todas me prometo que no lo haré más. En realidad todas las leyes de la lógica y el sentido común me dicen que no lo haga.

¿Realmente merece la pena el esfuerzo? ¿O es una filosofía de vida a la que necesitas ponerle música?

Es mi vida. Aparte de mi familia, es lo que da sentido a mi vida. No creo que pudiera vivir sin música. O al menos, no creo que pudiera vivir con relativa alegría si no pudiera hacer música… y mostrarla, compartirla. Puede parecer bonito pero muchas veces es como una condena. Me gustaría poder pasar de la música y tener una vida “normal”. Me ha dado más problemas que alegrías. Creo que en cuanto os envíe esta entrevista dejaré la música para siempre.

¿Habrá mas conciertos?

Eso espero. Seguro que a la banda le gustaría ir de festivales aunque eso pueda provocarme un infarto.

Un deseo para este 2016 que se asoma…

Que haya más conciertos. Que se llenen. Que me den dinero para vivir de esto y que pueda hacer más música para dar más conciertos que se llenen y me den dinero para poder vivir de esto y así y así y así hasta el infinito. Y no tener que hacer nada más que música lo que me quede de vida.

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Javier Roman

Javier Roman

El día que escuché a los Rolling Stones todo cambió.

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