Entrevista a Fernando Velázquez, compositor de la banda sonora de “Gernika”

Fernando Velázquez

Tras haber puesto música a películas como Lo Imposible, El orfanato u Ocho Apellidos Vascos, Fernando Velázquez es, sin duda, uno de los compositores de bandas sonoras más solicitados del cine español.

Así, este verano ya hemos podido oírle en Zipi y Zape y la Isla del Capitan (la segunda adaptación cinematográfica de los icónicos personajes de tebeo creados por José Escobar). Una película, estrenada el pasado 29 Julio, a la que esta semana se suma la que es su nueva colaboración con Koldo Serra. Un director con quien debutaba en los largometrajes, hace diez años, y que ahora ha vuelto a confiar en él para poner música a su más reciente película (Gernika).

Drama romántico y emocional, preestrenado el pasado mes de abril en la sección oficial del 19 Festival de Cine Español de Málaga, Gernika está inspirado en el infame ataque aéreo realizado sobre esta población vasca el 26 de abril de 1937 (en plena Guerra Civil Española) por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana y narra la relación entre Henry (un periodista estadounidense, interpretado por James D’Arcy) y Teresa (una joven editora de la oficina de prensa republicana, interpretada por María Valverde) en medio de todo aquel caos.

Homenaje a la figura de la mujer en la guerra, con un ojo puesto en el reporterismo bélico de la época, entre su elenco figuran también actores como Jack Davenport, Burn Gorman, Irene Escolar, Ingrid García Jonsson, Julián Villagrán, Álex García, Joachim Paul Assböck, Bárbara Goenaga, Víctor Clavijo y Natalia Alvarez-Bilbao.

Con guion de José Alba, Carlos Clavijo Cobos y Barney Cohen, nosotros hemos hablado con Fernando Velázquez antes de su estreno este miércoles en las salas de cine de Bilbao. El viernes, llegará al resto de España.

Hola, Fernando. ¿Preparado para el estreno de Gernika en las salas de cine?

Bueno, uno nunca está preparado porque es un momento muy especial después de tanto tiempo; pero con muchas ganas de que la gente la vea, realmente.

¿Qué tal las primeras críticas, después de su paso por festivales como el de Málaga?

Yo no pude asistir, pero la sensación que tengo es muy buena; todo el mundo hizo un viaje grande con ella, que es de lo que se trata. Tengo mucha confianza en que la gente la viva, que es para lo que la hemos hecho.

En Gernika vuelves a trabajar con Koldo Serra, con quien debutaste en la gran pantalla. ¿Qué virtud tiene como director que te ha llevado a colaborar habitualmente con él?

Sobre todo que hace grandes cosas y que es muy atractivo hacerlas con él; y luego, evidentemente, que tiene mucho talento. No hay nada más que ver la película para darse cuenta, sobre todo sabiendo de cine. No es tan fácil que una película quede tan bonita y tan redonda; más aún teniendo en cuenta que no está hecha con tanto dinero como parece. Y ahí sale el talento del director para sacarle chispa a todos los recursos, incluyendo la música, pero también a la actuación; y a la planificación, que, en este caso, es tan especial y tan clásica; no tiene tantos planos. Por ejemplo, el plano secuencia del baile del ayuntamiento es un plano de virtuosismo de realizador, pero que pasa inadvertido en el buen sentido porque no se nota siendo como es una maravilla.

El crítico del diario El Mundo, Luis Martínez, opina que la acción de la película discurre de forma ordenada, coherente y legible. ¿La banda sonora sigue esas pautas?

La banda sonora tiene que seguir las pautas de la película; es decir, el guion tiene una estructura y normalmente el guion musical la sigue. Y en este caso no podía ser de otra manera porque, además, está como muy medido. Eso sí, espero que no sea obvia; es decir, que no parezca que está hecha con un manual porque está hecha más con el corazón. Sin embargo, al final, todo el mundo espera determinados giros, determinadas maneras; que es algo muy positivo. Como positivo es hacerlo bien. Yo creo que esa forma en la que esperamos una catarsis, esperamos un acontecimiento, esperamos que los personajes hagan algo y hacen lo contrario… Todo esto, de algún modo, lo hace la partitura en su mundo.

La película se centra en una historia de amor en el Euskadi de la Guerra Civil Española. Como vasco, ¿ha despertado viejos fantasmas en ti?

No, en realidad no son viejos fantasmas porque me temo que en esa película salimos todos. Salen tanto los periodistas que mienten como los periodistas que buscan la verdad, tanto la gente que sufre como la gente que hace sufrir. En ese sentido, creo que es una película que, aunque se centra en un momento histórico, habla de temas universales como la manipulación a la que somos sometidos o el uso de la violencia para conseguir algo sin importar nada el dolor causado. Es el caso del terrorismo, pero también de un montón de maneras de tratarnos entre nosotros. Eso aparece en esta película y en casi todas. El hecho de que salga mi pueblo y salga un episodio que tenemos en la memoria lo hace un poco más significativo; pero creo que es significativo para todo el mundo que se sienta identificado con los personajes que se enamoran, que sueñan… El personaje de Irene Escolar, que es estupendo, no es más que una chica joven que se quiere casar y que está muy ilusionada, como tantos y tantos; y, de repente, un bombardeo cambia su vida.

Tras verla, ¿crees que tu música desprende aquello que sentiste al leer el guion por primera vez?

Bueno, como yo soy muy malo leyendo los guiones, puedo decir que es más la emoción que sentí al ver la película por primera vez; pero sí, sobre todo hacia el final. A mí me gustan mucho los finales que como en esta película se cierran con una música que, de alguna manera, hace de epílogo. En este caso, reflejando la profundidad de un final largo e intenso.

¿Te sientes a gusto poniendo música a un texto escrito por otro o prefieres la libertad absoluta?

Yo creo que la libertad absoluta existe también cuando trabajas con otros textos. O dicho al revés: nunca existe la libertad absoluta, aunque no trabajes con ningún texto. Claro, esto es un poco sofista, pero no me importa nada trabajar con textos de otros porque al final yo hago lo que yo quiero en mi mundo, dentro de lo que me dan. Al final, la libertad última de hacer una cosa u otra dentro de la película es siempre mía; y, además, aquí no se plantea nunca en esos términos, o yo casi nunca lo he planteado en esos términos en ningún trabajo, sino que es una colaboración en la que trabajamos juntos para conseguir lo que queremos.

Hijo de una profesora de Derecho y de un catedrático de Literatura, ¿qué cualidades has heredado de ellos? Si tuviéramos que definir tus virtudes, ¿se podría decir que reúnes la analítica propia de un abogado y la imaginación de un literato?

No, no creo que vaya por ahí. Hombre, sí que tengo, más que por mis padres por lo que me gusta a mí, mucho gusto por la historia; por la sociología, si se puede llamar así; por la historia de las mentalidades; por el pensamiento, por la opinión. Entonces, eso ayuda a interpretar historias; y sobre todo, más que analítico o imaginativo, me siento un contador de historias, tanto si la música es solo música como si está asociada a una película, creando mundos paralelos que no son necesariamente para evadirse, sino que muchas veces son para profundizar más en la realidad como en el caso de esta película.

Eres licenciado en Historia por la Universidad de Deusto. ¿Qué te llevó a elegir esa carrera?

La elegí porque me gusta; y no podría decir por qué me gusta, de la misma manera que tampoco puedo decir por qué me gusta la música. Es muy difícil. Me gusta porque me encanta, porque cuanto más conoces la realidad más la desconoces y más interrogantes se te abren; pero a mí, la verdad es que me gustan mucho más las preguntas que las respuestas. Las preguntas inteligentes, claro. Así que disfruto un poco con esa contradicción de tener cada día menos respuestas, pero estar a gusto todavía con tantas preguntas. Es un poco contradictorio, pero es así.

Imagino que ser historiador te ha permitido conocer más profundamente la historia de la música contemporánea y contextualizarla. ¿Te facilita tu labor como compositor?

La facilita tanto como la dificulta. Ser muy analítico, y es cierto que soy muy analítico componiendo, tiene muchas ventajas; pero también muchas desventajas. En realidad, hay gente que es muy, muy intuitiva y hace grandísimas cosas, que, encima, luego vistas desde el análisis tienen muchísima coherencia. El ser muy analítico al componer y al contar historias, a mí me funciona; y, además, luego es cierto que eso no se nota tanto. Yo creo que no se nota el entramado; al igual que en los grandes guiones que son muy cerebrales, o que tienen que estar muy bien trazados, y no se nota el armazón. A mí me gusta utilizar la música en general. No me gustan las etiquetas, ni de clásica ni de contemporánea, ni de folk ni de pop, porque al final esas líneas nos las inventamos nosotros; y a mí me gusta vivir sin esas limitaciones y crear, en la medida de lo posible, sin pensar en ellas.

Como director de orquesta, has dirigido a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, la London Metropolitan Orchestra, o la Sinfónica de la Radio de Budapest. A la hora de entender la música, ¿qué diferencia hay entre estos países?

Existe muchísima diferencia, pero esta es una pregunta muy grande que abriría otras entrevistas larguísimas sobre las que se podría escribir un libro. En general, yo creo que la orquesta es algo maravilloso y hay que cuidarla mucho. Vivimos en una época bastante curiosa en el mundo de la cultura; en el mundo de las orquestas, que casi siempre son públicas y viven con un respirador artificial al estar muy subvencionadas y no generar el dinero que cuestan. Quizá no tienen porque generarlo; no es obligatorio que sean una empresa que da beneficios, pero sí que creo que las orquestas necesitan abrirse mucho más; no al público a cualquier precio, sino ofrecer simplemente lo que tienen, que es maravilloso, para que todo el mundo lo conozca y se venga arriba, como las propias orquestas, viendo lo que la música en directo puede significar. La música en directo y, en este caso, la música también grabada; la música de cine, que hoy en día es algo que tiene mucha importancia y que creo que a medio plazo, mucha de ella, acabará convirtiéndose en clásica como sucedió en el pasado con La consagración de la primavera, de Stravinski, que era una música para balé; o con la Obertura Coriolano, de Beethoven, que era una pieza para una obra de teatro.

¿Qué opinas de la situación y la calidad de las orquestas públicas nacionales?

Yo creo que necesitan brillar porque pueden hacerlo, ya que hay talento de sobra, y que su trabajo sea un caldo de cultivo para que la gente viva mejor. Como decía Lorca, «dame medio pan y un libro». Lo que el buen cine nos da, lo que la buena literatura y la buena música interpretada en directo nos da… parece que no es importante, pero quizá es mucho más importante que otras condiciones materiales. Por tanto, las orquestas deben quitarse un poco el marchamo que tienen de hacer un repertorio muerto para señores y señoras mayores de sesenta y cinco y empezar a trabajar para todos, ya que en la cultura está una parte vital de nuestra existencia.

En tus bandas sonoras son habituales los guiños a Serguéi Prokófiev y Dmitri Shostakóvich. ¿Qué encuentras en ellos?

Lo mismo que ellos encuentran en otros. Prokófiev está lleno de guiños; Mahler está lleno de guiños, Shostakóvich está lleno de guiños… Sin ir más lejos, Bartok guiña a Shostakóvich, pero Shostakóvich está lleno de historia. Al fin y al cabo, la música que yo hago, buena o mala, sigue una estela de la historia de la música occidental; no es que me ponga grandilocuente, sino que está en un momento de la historia y de la geografía; y esas son las referencias que tenemos. No yo, sino todo el mundo. Entonces, el lenguaje que hablo es el que han hablado ellos, con lo cual compartimos a veces palabras y frases; y luego es cierto que además hay guiños casi ideológicos. En el caso de Gernika, hay un tema, asociado al comisario político, que está emparentado con uno de la Décima de  Shostakóvich que, de alguna manera, retrata a Stalin. No es científico y no lo hago de manera matemática; solo es un modo de pensar y de contar la historia de una manera que funciona y que sabemos.

En alguna ocasión, has comentado que no entiendes porque hay música en el cine.

Bueno, es que es raro que suene música. En mi vida no suena música mientras sucede algo. Esto también daría mucho de que hablar, pero que suene música no diegética en las películas es, de alguna manera, una herencia de la ópera. Hay películas sin música, que son maravillosas, que son más una descripción de los hechos sin comentarlos o sin hacer otro subtexto con la música. Las películas pueden tener música todo el tiempo o no tener ni una sola nota. Es como lo veo. Y no entiendo por qué hay música, pero sí que lo vivo y sí que lo siento cuando hay música y está bien puesta.

¿Es cierto que siempre compones con piano?

No, muchas veces compongo directamente con el ordenador; pero lo que más me gusta es tener una idea, darme un paseo y que, mientras me muevo, la idea baile en mi cabeza acabando por salir otra distinta. Es muy romántico apuntar un tema en un papel; pero hoy en día, con el teléfono móvil, puedes grabar mientras cantas lo que tienes en mente; y luego, sobre la partitura o en el programa de partituras del ordenador, ir trabajando.

¿Qué tal llevas la soledad del artista?

Pues es lo que hay. Me gusta mucho trabajar con otros cuando puedo y por eso es tan bonito el momento de grabar y estar con una orquesta tres o cuatro días. También es muy divertido trabajar y estar en directo con gente como Koldo porque, aunque es duro y hay que tirar para adelante a pesar de ser a veces un poco tedioso, es muy divertido estar con gente tan brillante, tan divertida y que te aporta tanto; no solo en lo artístico, sino en lo personal. Y en este caso, trabajar con Koldo es estupendo.

¿Qué significa para ti haber sido invitado a formar parte de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood?

Pues un gustazo porque yo no sabía que existía esa posibilidad y tampoco sé muy bien por qué ha ocurrido. Sé que quieren aumentar la base y la demografía, pero decían que hacían falta más negros y más mujeres. Yo no soy ni negro ni mujer; entonces, creo que me han buscado por los méritos que han encontrado; y eso es un honor y una responsabilidad porque, además, creo que es importante apoyar a la industria como tal; y eso, la Academia de Hollywood lo hace especialmente bien; no solo por sus películas, sino por el cine a todos los niveles.

¿A qué miembro de la Academia admiras especialmente como compositor de bandas sonoras? ¿Qué directores están en tu particular olimpo?

¡Todos los buenos! No voy a diferir de nadie; lo que pasa es que me puede gustar mucho Spielberg, me puede gustar mucho Haneke, me puede gustar mucho Ridley Scott…; pero depende mucho de las películas, también. Y en cuanto a compositores, los mismos que diría cualquiera: James Newton Howard; John Williams; Ennio Morricone; Desplat; John Powell, que es impresionante el trabajo que hace, aunque a veces pase desapercibido; Alan Silvestri; Michael Giacchino… ;qué voy a decir, ¿no? Es que ahí los tenemos a todos. Evidentemente, yo tengo debilidad, no por Morricone en sí, sino por unas cuantas partituras suyas; sobre todo La Misión, como creo que casi cualquiera.

De poder elegir, ¿qué banda sonora te hubiese gustado componer?

No deseo haber compuesto otras porque si yo hubiese compuesto las bandas sonoras de películas como Expiación, de Marianelli, o La Misión, de Morricone, no las hubiesen compuesto ellos; y no sería lo mismo. A mí me gustan las bandas sonoras como fueron compuestas. Así que prefiero que sea así y que podamos disfrutar de bandas sonoras tan maravillosas.

Y qué cineasta, según tú, tiene el mejor gusto al elegir la música de sus películas

Hay muchos, pero el caso de Kubrick es especialmente grande por utilizar músicas casi siempre preexistentes y dar tanto en el clavo; además, llegando a un nivel de nuestro corazón y de nuestra cabeza que últimamente está un poco olvidado. Hoy en día, la industria está demasiado preocupada por gustar y no busca ni el arte ni los significados nuevos y profundos. Y la verdad es que todas películas de Kubrick son un acierto.

¿Qué proyectos tienes entre manos?

Acabamos de finalizar la mezcla de Contratiempo, que es una película maravillosa de Oriol Paulo; y, en octubre, sale Ozzy, que es una película de animación española estupenda sobre un perro, y Bayona estrena Un monstruo viene a verme. ¡Vamos, que estoy encantado de trabajar tanto y en proyectos tan interesantes!

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Marc Mariñas

Prensa escrita y radio. A diario, en Nos Gusta La Música; mensualmente, en BA Jazz Magazine. Los clásicos del rock, en http://radiodesdemexico.com

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