[Especial] El fantasma de la libertad de expresión en el mundo del Metal

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En Nos gusta la música nos hicimos eco de la noticia en que se manifestaba la voluntad por parte del Gobierno de Irán de ejecutar a Nikan Siyanor Khosravi y Khosravi Arash, miembros de la banda de Metal Confess, como presuntos autores de delitos de blasfemia, publicidad contra el sistema, promoción de música ilegal, entre otros muchos. Una vez más, este género musical perseguido, nada nuevo desde su creación, pero sí con una salvedad: del mismo modo que hay que saber cómo molestar al poder, también es necesario saber a qué tipo de poder nos enfrentamos para molestar y qué consecuencias puede acarrear nuestra actividad sediciosamente contestataria. Es decir, las fuerzas de que disponemos, y si merece la pena llevar a cabo la tarea de enseñorear el concepto de libertad de expresión sabiendo que la batalla de antemano está perdida.

Uno de los principales problemas que tenemos en el mundo occidental –en nuestro cómodo e ingenuo mundo occidental- es el de querer que las cosas se hagan a nuestro modo. Muchas veces, en nuestra ingenuidad, albergamos la esperanza del cambio, de construir un mundo justo y equitativo; en ocasiones, Europa y Norteamérica no aprenden de la historia reciente. Y ésta nos ha enseñado o debería haber enseñado lo siguiente: el Islam es un mundo diferente. Es enriquecedor en muchos sentidos -sus aportaciones al mundo del Arte, Filosofía, Medicina o Astronomía son incuestionables-. Pero, en otros, simplemente, mantienen una férrea y geológica concepción del mundo inalterable desde hace muchísimo tiempo. La Primavera árabe no fue más que un oasis en medio de un desierto; un quiero y un no puedo. Alterar mil quinientos años de historia, en apenas cuatro, es francamente imposible.

La libertad de expresión en Europa, tal y como la conocemos, se remonta al siglo XVIII. El Liberalismo político supo cómo desarrollar éste sobre la base del control que los ciudadanos debían ejercer sobre el Estado. Pero, claro, hablamos de Europa: un continente que sí tenía una tradición democrática. Una democracia que nace en el siglo V a.C. en Atenas y con Pericles. Y pese a que ésta a lo largo del tiempo ha ido mutando, adaptándose a las necesidades de la sociedad en cada período histórico, ha permitido que el viejo continente adquiriese, poco a poco, una tradición que luego las constituciones y los poderes públicos han desarrollado. Pero parece ser que algunos no entienden que en el Islam todo es distinto: allí es imposible pretender que el poder civil sea independiente del religioso, como en Europa. ¿Por qué? Porque, básicamente, históricamente, nunca se ha disfrutado de tal beneficio. ¿Qué nos hace pensar que lo que sirve en el mundo occidental sirve en el musulmán?

Confess-band-iranian-jailed

Uno de los lemas esgrimidos a lo largo de la música en el siglo XX es el de la libertad de expresión. Lo hacemos con la suficiencia de sabernos que si a éste se le pone algún tipo de corsé, será el poder Judicial el encargado de corregir la actitud coartadora de los particulares o de los poderes públicos. Pero, claro, hablamos, como bien decía antes, de Europa. En España, Soziedad Alkoholika, pese a algunas limitaciones impuestas de forma arbitraria por ayuntamientos y demás cuando ha habido una sentencia del Tribunal Supremo declarando lícita la actividad musical del conjunto vitoriano, éstos pueden dar a conocer su mensaje antifascista y anticapitalista. Algo parecido sucedió en los años ochenta en Estados Unidos. Pese a la actitud eminentemente antiliberal, sectaria y reaccionaria de aquella Parents Music Resource Center –comúnmente conocida como PMRC-, al fin se acabó imponiendo la cordura: el Rock necesita polémica e historias que reflejen ese lado, en ocasiones, poco amable de la sociedad. Eso sólo se pudo llevar a cabo en un país en donde las instituciones son depositarias y garantes de la soberanía popular y de los principios rectores de la Constitución. Pero, en el mundo islámico la soberanía no emana del pueblo.

Sería maravilloso poder hacer un alegato a favor de la banda iraní. Sería estupendo, en un continente donde todos somos Charlie, Siria, Líbano, Nigeria y demás, poder cantar el Imagine de John Lennon, pero fuera de nuestro continente perfectamente estructurado, allí fuera hay una realidad cruel que, desgraciadamente, aún mucho no llegan a entender. El mundo islámico es férreo y pétreo: no renuncia a ejercer su poder que en tiempos draconianos. Irán, además es, en su mayoría, chiíta, con lo que el fanatismo está servido. ¿Se nos ha olvidado, acaso, la fatwa emitida por el ayatolá Jomeini contra el escritor Salman Rushdie, como consecuencia de la publicación del libro Los versos satánicos? Parece ser que sí. Vivimos en un mundo hostil y cruel separado por fronteras, religiones e interpretaciones del mundo diferentes. ¿Se ha dado cuenta el mundo musulmán de ello? Sí. ¿Se ha dado cuenta la febril Europa de esto? No. Y ahí estriba el problema.

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