Discos de Leyenda: “Three of a Perfect Pair” -King Crimson

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Con Discipline y Beat- lanzados en el año 80 y 82 respectivamente-, King Crimson dieron una nueva dimensión a un estilo como el Rock Progresivo que, salvo en contadísimas ocasiones, estaba sumiéndose en un letargo más que peligroso durante los años ochenta. Nada había cambiado para ellos: seguían enfocando su música de forma metódica, disciplinada, mimando cada nota como si fuese el cuerpo de una mujer; y la relación, pese al inveterado carácter huraño de Robert Fripp, entre los miembros de la banda, era más que buena. Cuando salieron los dos discos anteriores, contaban con el factor sorpresa de la nueva alineación y de saber cómo les acogería la prensa después de casi una década de silencio; ahora, ya habiéndose disipado este efecto, y con un cuarteto que parecía que había estado tocando toda la vida juntos, tendrían que convencer a su siempre exigente público de que el tiempo pasa, su talento, no.

Three of a Perfect Pair -1984- suponía el trabajo, a su vez, de cómo la mentalidad pop de la banda se estaba instalando paulatinamente a la hora de encajar las piezas de las composiciones. Si cortes como Heartbeat –Beat- eran el fiel reflejo de cómo el signo de los tiempos atemperó momentáneamente el carácter de la banda, mostrándose más humanos y menos robóticos, con esta última entrega de la trilogía, alcanzarían aún cotas más altas. Ni qué decir tiene que la experimentación sigue ahí, por supuesto, pero la paridad entre new wave y rock progresivo convencional se iba diluyendo. Y esta dicotomía la puede percibir a primera vista cualquier oyente mínimamente avezado, porque es lo que sucede con canciones como Three A Perfect Pair, Model Man, Sleepless o Man With Open Heart: tonadas enfocadas desde la óptica del propio Belew: más accesibles e impregnadas de ese toque minimalista, fruto de su carrera en solitario hasta bien entrados los años ochenta, con esos estribillos adaptados para el gran público.

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Si antes los londinenses eran una banda puramente británica en su forma de concebir la música, con la flema habitual de los ingleses para sus propios asuntos, con la llegada de Adrian se habían americanizado. Aunque pueda sonar raro, King Crimson se estaban aproximando, superficialmente al siempre peligroso concepto de ‘arena rock’ que las élites musicales siempre han criticado. ¿La instrumentación? Perfecta. Sólo hay que ver la enorme plasticidad de Levin con el stick, creando un conglomerado de sensaciones sonoras que pasan del funk al jazz y al jazz fusión; en Fripp lanzando esos chispazos de guitarra producidos por algún dios de la guerra de alguna mitología olvidada y en la suavidad con la que Adrian canta, notándose que de su experiencia con Talking Heads, se podía extraer esa savia necesaria para poder sonar frescos para los potenciales nuevos fans. Las cuatro primeras composiciones del cedé ejemplificaban hasta qué punto era necesario que se reunieran esporádicamente: de ordinario, no podían llevar esa trayectoria tan rupturista de epígonos de una misma escuela que ellos crearon.

La segunda parte, encabezadas por las cuatro últimas composiciones, sí se acercaban más al concepto tradicional de su peculiar forma de entender la música. Si la primera parte podría ser, fácilmente, la personalidad tranquila y sosegada de Belew, la segunda, en cambio, nos mostraba la de Robert Fripp, el egregio seis cuerdas de la banda. Aquí ya se tornan más experimentales intrincados, con instrumentales como Industry, No Warning y Lark´s Tongue´s In Aspic (Part. III), donde el trabajo ya es más solidario. Abandonan por un instante su faceta de músicos ‘modernos’ para hacer lo que más les gustaba: improvisar. Y es a partir de esta libertad creativa donde vemos a un grupo nuevo, con Bruford estelar, haciendo unos juegos de baquetas muy interesante; acertado en la percusión, llevando el pulsómetro con precisión y sirviendo de guía a las disonancias de Fripp y Belew mientras que Tony, impertérrito, demuestra por qué es uno de los mejores bajistas del mundo y por qué es uno de los grandes herederos de Bruce, Pastorius y un largo etcétera que hay en el planeta.

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Sin embargo, entre tantos efectos producidos por las seis cuerdas, aún se puede interpretar el trabajo de Belew en los estribillos pop otra vez. Dos formas de entender la música tan opuestas como son los estilos estilo de Adrian y Robert, respectivamente, que lejos de colisionar, crean a través de esta antinomia musical: conseguir que el progreso y la ciencia musical estén al servicio del hombre. Si algo es digno de loar de los anglosajones, es que si se han convertido en una banda de referencia para muchas bandas de Prog modernas es, precisamente, por esa capacidad que han tenido siempre de saber sentarse tanto juntos como por separado sobre cómo se desarrollarían los años venideros y vislumbrar que más allá de los horizontes de la creatividad, subyace uno más importante todavía: la capacidad de análisis del entorno. Y por eso, cada noticia que se tiene sobre ellos sacude el panorama rockero. Three A Perfect of Pair, señores: el cenit de la modernidad de King Crimson.

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