[Crítica] Deftones – “Gore”

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A día de hoy, el Nu metal es sólo un recuerdo del pasado. Fue celebrado con la consustancial algarada por parte de la prensa especializada y los fans. Su contexto tanto social como musical sólo se puede explicar desde este punto de vista: la muerte de Kurt Cobain. Cuando se suicidó el líder de Nirvana, se buscó, desde ese instante, un líder o una serie de líderes que llenasen ese vacío generacional que el artista de Aberdeen había dejado. De repente, cuando parecía que el Heavy metal podría recuperar el papel preponderante que adquirió en los ochenta, apareció una nueva hornada de músicos que recelaban de los cánones del género para instaurar ellos el suyo propio: ecléctico y multidisciplinar y con la ausencia de dogmas por bandera.

De toda aquella hornada de bandas, Deftones, siempre fueron los que sobresalieron por varios aspectos. En primer lugar, y a diferencia de Korn y Limp Bizkit, su vocalista, Chino Moreno, no introducía frases o estribillos rapeados; la suya era una forma de cantar influida directamente por las bandas Emocore de los ochenta: alternancia entre voces melódicas y gritos, letras que oscilaban como un péndulo entre lo sentimental y la futilidad de la existencia humana, así como la enconada crítica hacía cómo se estructuraba la sociedad. Al mismo tiempo, los instrumentistas de la banda, a diferencia de las citadas formaciones, no usaban, tampoco elementos del Funk, Jazz o el Hip Hop: los de Sacramento sobresalieron no sólo por discografía, sino también por diferenciarse de sus compañeros de escena; por su capacidad, también, para saber jugar con la condición humana y sus veleidades en sus composiciones.

Sus años noventa fueron incontestables: álbumes como el debut, o Around The Fur eran incontestables; White Pony, editado a principios del nuevo milenio, es fundamental no sólo para entender el curso de la evolución del estilo, sino también el final de un siglo XX convulso para la gran mayoría de bandas del Rock y Metal. En el siglo XXI la banda californiana ha ido alternando momentos de brillantez con otros, quizás, menos inspirados, pero, teniendo en cuenta que la gran mayoría de formaciones del género están separadas o yacen en el lecho del olvido, ellos todavía tienen el talento y oficio innatos para hacer suyo el famoso quien tuvo retuvo. Y este Gore es la prueba de ello. Después de un más que recomendable Koi No Yokan -2012-, un trabajo complicado, marcado por la enfermedad del entrañable Chi Cheng, bajista de la formación, los de Sacramento enfocan el que, hasta la fecha, es su último álbum de estudio remarcando un detalle: la transición de los treinta a los cuarenta años. Y eso se nota en las composiciones: más trabajadas en torno a la idea que Moreno quería transmitir como la de la desesperanza y la confusión que produjo en el seno de la banda, el fenecimiento de Cheng.

Gore se estructura en once canciones, y en cada una de ellas, los californianos demuestran la solidez de sus composiciones y lo bien que les ha sentado el paso del tiempo. Prayers/Triangles, con esos dejes de Shoegaze en la guitarra de Carpenter antes de desembocar en un estribillo potente, plegado de referencias a muchas de las composiciones de White Pony, marca el camino a otras como Acid Hologram: penetrante e incisiva, afilada y punzante, al igual que Xenon o la propia Gore. En cada una de ellas, aparte de potencia, se nota el sello del propio Carpenter, dejando momentáneamente el toque melancólico de su compañero y vocalista para impregnarle a su ya sólido y pesado sonido de guitarra, la impronta de formaciones como Neurosis o ISIS. Doomed User rememora el esqueleto compositivo de sus tres trabajos anteriores, sobre todo, en el trabajo del bajo. Por otra parte, en Hearts/Wires explora el lado más Pop e íntimo de la banda; el vocalista se lanza a abrir su corazón y a explorar el dolor y la experiencia –en ocasiones necesaria-, de tener que sufrir la pérdida de un ser querido para explorarnos a nosotros mismos en cada dolor. Phantom Bride y Rubicon –colaboración incluida del propio Jerry Cantrell en la primera- resumen a la perfección la equidistancia musical que Deftones ha querido reflejar en este cedé, ejerciendo de paraguas entre su juventud y madurez.

Un disco perfectamente destacable que, si bien desde el punto de vista de quien suscribe este artículo, está un escalón por debajo de sus anteriores álbumes, refleja a la perfección la personalidad adquirida por la banda californiana. Gore, con su exiguo y cortante título, podría ser una especie de escenificación de las relaciones entre los citados Chino Moreno y Stephen Carpenter: acostumbrados ambos a trabajar en tensión, tras el fallecimiento de Cheng, y al igual que Mick Jagger y Keith Richards, Billy Duffy e Ian Astbury de The Cult, Joe Perry y Steven Tyler, hacen de una relación cordial, inamistosa, por momentos, un álbum con el que se aseguran no sólo ser los únicos supervivientes reales de un género moribundo y denostado, sino de poseer una de las discografías más regulares que se pueden encontrar en una banda actualmente.

Sello: Reprise Records

Temas a destacar: “Phantom Bride”, “Rubicon”

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