Otra vez la Sala Ego Live se convertía en el emplazamiento de una nueva dosis descarnada de rock and roll. En esta ocasión el turno era para los de Australia Tracer. Un trío de potencia a la vieja usanza cuyas influencias nos teletransportan a clásicos ecuménicos como Black Sabbath -algo de lo que darían cuenta según avanzó el concierto- o Thin Lizzy en un plano setentero y a Soundgarden o Alice In Chains en el ámbito noventero. Los hermanos Michael -guitarra- y Leigh Brown -bajo- junto con las percusiones de Andrew Wise consolidan un sonido que los deja en un gran lugar como instrumentistas y avala su gusto por los referentes del género. Su disco Spaces in Between (2011) es una muestra de buen gusto; guitarras
explosivas con riffs contundentes y reiterados son la base para las poderosas voces de los hermanos Brown -de ambos, si bien Michael suele llevar el peso durante casi todas las canciones-. En total han sabido crear doce cortes que no dejan frío a ningún adepto al blues-rock.
Con la sala todavía por llenar y los carteles promocionales colocados al fondo del escenario, los Tracer se colgaban sus aperos de faena y dieron pie a su rock medido a la par que pasado de vueltas. Poco a poco el público se iba acercando y, aunque en líneas generales todo el mundo estaba pendiente de su saber hacer y puesta en escena no faltaron los botes a golpe de guitarra y del poderoso bajo de Leigh -que luego se marcaría un sólo para deleite de los aficionados a las cuatro cuerdas-. Muy esperadas fueron Devil’s Ride y The Bitch, pero sin duda tras los incentivos de Michael para animar el ambiente, el trío encontró su mejor sonido en Voice in the Rain, uno de los cortes más tranquilos del disco pero donde se puede apreciar toda la esencia melódica de su vocalista principal. A partir de ahí, camisa fuera de Michael mediante, sonó espectacular la que da nombre al L.P. Spaces in between. Para entonces había entrado ya más gente y los Tracer continuaban su propia fiesta con sólos de slide usando el tercio de cerveza de turno y tocando los instrumentos en la espalda. Sin duda prepararon un final apoteósico antes de los bises a través de Walk Alone, con sorpresa incluida para los que no hubieran tenido oportunidad de ver antes sus directos: una versión del clásico War Pigs de Black Sabbath que supieron intercalar dentro de la propia canción. Después se bajaron del escenario y volvieron para rematar la jugada con la cañera y desértica Won’t Let Die (Run Mary) y cómo no con el espectacular comienzo del disco llamado Too Much.
Al salir del concierto las sensaciones eran buenas y nadie restaba méritos al trío australiano que ofreció un show divertido y sin exceso de alardes técnicos; algo que se agradece de parte de los que aprecian el blues rock de calidad sin sólos interminables y farragosos. Una vez más agradecimientos a los responsables de la Sala Ego Live por dejar un hueco para Nosgustalamusica.






18 jun 2012
Publicado por Álex Jiménez 





