[Crónica] The Pretty Things, Sala El Sol, 08/11/2016

snNo puede negarse que asistir a un concierto de The Pretty Things tiene algo de peregrinaje mitómano. Los británicos llevan desde principios de los sesenta, cambios de formación, paréntesis más o menos largos y escarceos más o menos prolíficos de por medio, paseando sus canciones por salas de distinto pelaje. Con Phil May y Dick Taylor a la cabeza (no hará falta recordar aquí que Taylor, compañero de Jagger y Richards en el Art College, fue miembro de unos primigenios Rolling Stones antes incluso de bautizarse como tales) continúan aferrados a su oficio y el año pasado publicaron un sorprendente The Sweet Pretty Things (Are In Bed Now, Of Course…) (Repertoire, 2015), el duodécimo álbum de su dilatada y un tanto irregular carrera. La formación actual, que es la responsable de la grabación de ese notable LP, consta de los citados Phil May a la voz y Dick Taylor en la guitarra solista escoltados por el siempre solvente Frank Holland, cuya guitarra los acompaña desde los años 90, y la cuota de juventud que aportan Jack Greenwood a la batería y George Woosey al bajo y los coros.

Dos años habían transcurrido desde el último paso de la banda por Madrid y la Sala El Sol presentaba un estupendo aspecto cuando hicieron su aparición en escena. May, diagnosticado en 2014 de una enfermedad pulmonar, esperó a estar frente al público para insuflarse una dosis de su inhalador y, acto seguido, juego de maracas en mano, dar el pistoletazo de salida al concierto.

Abrieron a ritmo del mejor rhythm & blues con Honey I Need, su single de 1965, seguido de una magnífica Mama, Keep Your Big Mouth Shut, que, grabada en 1966, supuso la primera versión de la noche y el primer homenaje a su venerado Bo Diddley, de una de cuyas canciones, escrita por Willie Dixon, tomaron en su día el nombre del grupo y a quien elevan con orgullo a la categoría de maestro tal y como pudimos comprobar con su actual setlist y según le confesaron a Diego RJ en su espléndido programa especial de El Sótano de Radio 3 el día siguiente al concierto madrileño. Este segundo tema dejó patente la fortaleza de la base rítmica, que se luciría a lo largo de toda la noche, con un descomunal Greenwood a la batería y un Woosey milimétrico en su labor instrumental y más que ajustado en su aportación en los coros.

Para Buzz The Jerk, el corte extraído de Get The Picture? (Fontana, 1965), su primer álbum, May cambió las maracas por la pandereta y Holland, siempre en segundo plano, se empleó con la armónica de manera más que notable. Pasaron entonces por The Same Sun, único tema del setlist extraído de su último LP, que no hizo más que certificar el formidable sonido de la guitarra de Dick Taylor y el excelente estado de forma en el que éste se encuentra, capaz de llevar las canciones a través de unos intensos desarrollos instrumentales en los que se mueve con una maestría y una precisión del todo admirables.

pretty1

Con algo de socarronería, May, que sigue ejerciendo con gracia de maestro de ceremonias, presentó Alexander, canción extraída del tercer disco de The Electric Banana, pseudónimo adoptado en aquel proyecto paralelo al oficial de la banda que, de cara a obtener un ingreso extra, les llevó a grabar varios discos menores para De Wolfe entre 1967 y 1979 y algunas de cuyas canciones pasaron a ser usadas en películas de serie B y de porno softcore. Como ya lo es en la grabación original, de 1969, Alexander sonó a puro y auténtico hard rock y su final, conducido sobre unas estupendas guitarras dobladas que enlazaron con la compleja Defecting Grey, levantó la primera gran ovación del público. La interpretación de los distintos pasajes y cambios de ritmo de este nuevo tema parecieron terminar de encender también a May, que se despojó de la chaqueta de su traje antes de arrancar con S.F. Sorrow Is Born, coreada por los presentes ante el aliento del “Let me hear you!” del vocalista. Lo cierto es que es un auténtico placer escuchar las canciones de esta nunca suficientemente valorada ópera rock. El disco, publicado por Columbia en 1968, supone probablemente el punto más alto en toda la discografía de The Pretty Things y el público de El Sol acogió con entusiasmo cada uno de sus cortes seleccionados para el repertorio. Así, tras presentarla con “Later in the opera, he falls in love with the girl next door” sonó una brutal She Says Good Morning, con Woosey apoyando con acierto en las armonías vocales y conduciendo el tema hacia una coda absolutamente apoteósica en la que Frank Holland pasó a asumir el papel de guitarra solista logrando levantar otra enorme ovación de los presentes. I See You fue entonces la encargada de cerrar el bloque dedicado a S.F. Sorrow. Para ese momento, May estaba ya remangado, el corbatín negro que lucía impoluto al principio del concierto hacía rato que llevaba deshecho y se había desabrochado algún botón de la camisa. En el tema, más oscuro e introspectivo, Woosey se encargó de cantar una de las estrofas mientras las dos guitarras se volvían a doblar y daban paso a un largo y espectacular final instrumental a caballo entre la psicodelia y el hard rock que provocó uno de los instantes más envolventes de toda la noche.

Mr. Evasion, otra de las canciones de la etapa circundante a S.F. Sorrow que, como Defecting Grey, aunque no pertenecen propiamente al álbum sí respiran esa misma atmósfera (no en vano la edición en CD de Snapper las incluye entre los bonus tracks), se anticipó al momento más intimista de la velada, con Woosey abandonando el escenario, Holland retirándose aún más en su discreto segundo plano y Phil May y Dick Taylor, cual viejos roqueros en habitación de hotel, rindiendo su particular homenaje a los eternos bluesman. Guitarra slide de por medio, revisaron de manera formidable el I Can’t Be Satisfied de Muddy Waters ante el sincero aplauso del público y regalaron después un precioso blues compuesto en honor a Robert Johnson para el que volvieron a contar con la maravillosa armónica de Frank Holland, que fue vitoreado después de su intervención. Sin dejar que el tema concluyese enlazaron directamente con su versión de aquel Little Red Rooster de Willie Dixon que Howlin’ Wolf popularizó en los cincuenta y los Rolling Stones en los sesenta.

pretty

Con la vuelta al escenario del bajista afrontaron la traca final, que empezó con el You Can’t Judge A Book de Bo Diddley, continuó con Don’t Bring Me Down, uno de sus singles que, con permiso de Rosalyn, más alto logró llegar, en 1964, en las listas de éxitos, y se expandió con un nuevo recuerdo a Diddley en una larguísima versión de Mona que incluyó maracas y armónica, diversos interludios instrumentales, un diálogo entre bajo y guitarra, el guiño al Who Do You Love, el enlace con un pasaje del I Wish You Would y un largo y quizás innecesario solo de batería de un desatado Greenwood antes de volver al riff básico del tema y poner fin a casi 15 minutos de intensa interpretación.

Aunque aquello podría haber sido el final, quedaban aún varias de sus canciones más memorables y, así, cayó Come See Me y, después de una aplaudida presentación de la banda, una muy coreada L.S.D., de nuevo con un extenso desarrollo instrumental que sirvió para conectar con la sabbathiana Old Man Going, última referencia a S.F. Sorrow y tema que puso fin a 90 minutos de maravilloso directo.

Para los bises, que no se hicieron esperar, guardaron Midnight To Six Man y Rosalyn, tal vez dos de sus temas más laureados, de 1966 y 1964 respectivamente, que retomaron el rhythm & blues inicial y nos devolvieron más que satisfechos a la casilla de salida, cerrando el círculo de un concierto absolutamente intachable.

Es cierto que la voz de Phil May dista bastante de ser lo que fue y que los años le van haciendo mella, pero su actitud en escena no da pie alguno a la queja y el sonido de la banda es exquisito, con una claridad y una profesionalidad absolutamente encomiables en cada uno de sus miembros.

Señores May, Taylor y compañía, sigan ustedes haciendo discos como The Sweet Pretty Things (Are In Bed Now, Of Course…) y sigan dando conciertos como el del martes en Madrid, que nosotros seguiremos apoyándoles. Y, por supuesto, aún cincuenta años después, seguiremos reivindicando S.F. Sorrow como la obra maestra que es.

The following two tabs change content below.
Miguel Sáez Martín

Miguel Sáez Martín

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR