[Crónica] Ilegales en Kafe Antzokia 14-05-2016

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Excitación Ilegal, viaje al corazón de un sueño

En los últimos meses he tenido una relación muy estrecha con la música de Ilegales y las figuras de Jorge Ilegal y Agustín Rodríguez. Entre Agustín Rodríguez y un servidor hemos llevado a cabo entrevistas de radio a Jorge Martínez, programas especiales sobre Ilegales y conversaciones y reflexiones profundísimas sobre la importancia de la banda en nuestras vidas y en el devenir de la sociedad actual. Por no mencionar las aventuras ilegales que hemos disfrutado para celebrar nuestro entusiasmo por la música de la banda. Todo ello ha sido como una segunda juventud para ambos, como si volviésemos a nacer, como si de alguna manera fuésemos parte de los chicos de la banda y esa adictiva música se metiese en nuestro ADN.

Después de todo lo vivido, nos quedaba rematar la faena con un buen cierre. Y el colofón final a nuestra aventura tenía que ser disfrutar de una descarga ilegal en directo. Así que señalamos en el calendario su concierto del sábado 14 de mayo en Bilbao y no pensamos en otra cosa hasta que llegó ese día.

La mañana del concierto me desperté con cierta inquietud, pues sabía que iba a vivir un día muy especial. Cuando hube atendido mis responsabilidades hogareñas, arranqué mi coche y salí en busca Agustín. En cuanto mi buen amigo se subió en mi vehículo percibí las mismas sensaciones que cuando vi la película Miedo y Asco en Las Vegas por primera vez. Digamos que me transformé en el periodista Hunter S. Thompson y Agustín en el Dr Gonzo, su abogado, consejero y escudero en aquella aventura.

Una vez llegamos a la ciudad Bilbao pasamos una agradable tarde tomando cañas y cubatas. Cuando llegó el momento nos acercamos bastante excitados al Kafe Antzokia. Entramos en la sala, agarramos nuestras bebidas y nos dispusimos a esperar a la banda en el extremo izquierdo del escenario. Dicho escenario comunica con el público mediante unas escaleras, por lo que no es nada difícil que los seguidores se suban al escenario y entren en contacto con las bandas. Este dato le añadió aún más excitación al evento, desde el primer momento me dio la sensación de que allí podía ocurrir cualquier cosa.

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Ritual de lo Ilegal en el Kafe Antzokia

Ilegales saltaron al escenario con el Kafe Antzokia a rebosar. El mítico bajista Willy Vijande y el batería Jaime Belaústegui iniciaron la actuación con los compases iniciales de “Los Chicos Desconfían”. Acto seguido Jorge Martínez hizo su entrada justo cuando las vibrantes notas del musculoso bajo de Willy nos estaban golpeando en el pecho.

Jorge estuvo en su salsa desde el minuto uno. Enchufó su Fender blanca, levanto el puño en alto, se movió por el escenario, gesticuló un poco y ofreció un saludo marcial al respetable. El público se volvió literalmente loco al verle. La banda introdujo definitivamente al público en su enérgica atmósfera con los temas “Voy al Bar y “Agotados de Esperar el Fin”.

Cuando vas a un concierto de Ilegales en los tiempos que corren, lo primero que te llama la atención es la buena forma física de Jorge Ilegal y su descomunal energía. Pero cuando profundizas un poquito en los otros componentes te das cuenta de que son el complemento perfecto para el músico asturiano. La descomunal base rítmica que generan Willy y Jaime Belaústegui son el colchón perfecto para que Jorge Martínez Serrano de rienda suelta a sus filigranas guitarreras. Por otro lado, el virtuosismo con la guitarra, los sintetizadores y los teclados de Mike Vergara son la guinda perfecta para este sabroso y adictivo pastel.

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Ilegales subió la velocidad y el volumen de la actuación con “Chicos Pálidos para La Máquina”, “Suena en Los Clubes un Blues Secreto” y “No me Gusta el Trabajo”. En este punto del concierto algunos miembros del público comenzaban a animalizarse y desparramarse en exceso. Agustín Rodríguez y un servidor tuvimos que sufrir a la típica saltimbanqui rompe vasos, el compadre borracho cariñoso que te da besos sin conocerte de nada y la chica habladora que fuma en tu cara. Un peligro controlado de lo más divertido. Consecuencia directa de la euforia que despierta ver a la banda y de alguna sustancia ilegal o bebida espirituosa. Todo estas circunstancias hicieron que me preguntase por enésima vez qué riesgos acarrearía ver a la banda en los viejos buenos tiempos.

Los chicos de la banda bajaron un poco la velocidad y continuaron su concierto con pulso firme interpretando “Yo Soy Quien Espía los juegos de Los Niños”, “Regresa a Irlanda” y “Que mal Huelen los Muertos”. El público coreó y cantó cada estrofa, cada nota. Hace mucho tiempo que no presenciaba ese grado de comunión entre un artista y su público. El respetable emitió un rugido que se debió de escuchar en el bar de al lado cuando llegó la estrofa “artistas hacen el ridículo en festivales como Eurovisión” de la canción “Yo Soy quien Espía..”.

Para echarle un poco más de leña al fuego, la banda paró el concierto y Jorge aclaró: “como podréis comprobar esta es la mejor banda de rock posible”. A estas alturas de su carrera Jorge es un personaje mítico y a sus seguidores les encanta todo lo que nuestro amiguito diga y haga. Su particular carisma dentro y fuera de las tablas es innegable. Pero su afirmación no es nada gratuita, creo que todos los asistentes apoyaron la moción con una enorme ovación.

Cuando los Ilegales nos sorprendieron con “Europa ha Muerto”, “Saber Vivir” y “Enamorados de Varsovia” aquello fue el acabose. La banda sonó tan compacta y engrasada que si cerrabas los ojos parecía que estuvieses escuchando en el coche uno de sus fantásticos discos en directo. Me encanta la canción “Saber Vivir”, la energía que este tema consigue en directo me hizo volar. No necesité beber nada más en todo el concierto.

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La banda continuo su ataque sonoro con “Hacer Mucho Ruido”, “¡Hola, Mamoncete!” y “Eres Una Puta”. La euforia y el sentido del humor del respetable se dispararon de nuevo y volví a temer por los vasos cercanos, mi chupa y la integridad física de mi amigo Agustín. Decidí subir unos cuantos escalones para poder disfrutar el final del concierto sin heridas ni desperfectos en mis botas.

Después de que la banda metiese de nuevo la directa con “Todo lo que me Digáis que Somos” y “El Número de la Bestia”, los chicos cambiaron de afinación y Jorge de guitarra. En esta ocasión cambio la Fender blanca por la Gibson negra para arrancarnos la cabeza con el traqueteante ritmo de “Destroanfetamina”. Le siguió “Regreso al Sexo Químicamente Puro”, mi tema favorito de la banda. Es curioso que un tema lento diga tantas cosas y sea tan atractivo para tantos seguidores. En él, Jorge Martínez utiliza toda su verborrea para señalar los defectos de una persona non grata de sexo femenino. Uno de los momentos estelares del concierto llegó cuando un sujetador negro voló desde el público y acarició la cabeza de Jorge Ilegal. Poco después, Jorge se terminó su copa y devolvió el sujetador a un miembro masculino de las primeras filas aclarando: “es suyo”.

Ilegales nos dejaron vistos para sentencia antes de los bises con “Revuelta Juvenil en Mongolia” y “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes”. Después de una breve pausa los chicos volvieron y arrasaron el escenario con los abrasadores riffs de “El Demonio” y la mala hostia y la velocidad de “Soy un Macarra”, “Bestia, Bestia” y “Destruye”. El público entro en su trance final, cabeceó, brincó, hizo pogos y salto desde las escaleras. Una apoteosis fuera de serie para una banda de su veteranía, las bandas jóvenes deberían de tomar nota del directo de Ilegales.

Cuando parecía que el concierto había concluido definitivamente, a Jorge se le encendió la bombilla diabólica y volvió corriendo desde camerinos para anunciar que iban a tocar un último tema. Esta reacción pilló por sorpresa a técnicos, miembros de seguridad, público y compañeros de grupo. El respetable experimento tal subidón que invadió el escenario y a punto estuvo de comerse a la banda. Cuando el concierto termino de una vez por todas, algunas señoras se hicieron fotos con Jorge y tiraron de él intentando llevárselo de paseo ante los sudores de los miembros del equipo de seguridad.

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Por lo visto, ese día se celebraba la final de la liga de campeones, pero eso no impidió que Ilegales llenasen el Kafe Antzokia hasta la bandera. Eso le da más merito a la banda. El Rock N´Roll debería de ser así, una reunión de individuos al margen de modas y tendencias. Un conjunto de personas montando su fiesta en su propia caverna.

Después de la experiencia ilegal Agustín y un servidor volvimos a la relativa seguridad de Cantabria con un dulce sabor en los labios. Rematamos la faena en el Pub Al Alba de Santoña. Allí, nuestro amigo Alfonso nos homenajeó plasmando unas fotos de mi primer encuentro con Agustín. Un final perfecto para una noche memorable y una aventura de ensueño.

Dada mi reciente adicción a la música de Ilegales no puedo ser completamente neutral a la hora de elaborar una crónica de los acontecimientos. Pero da igual, cualquiera de los cientos de asistentes os puede relatar lo mismo. Los chicos lo consiguieron una vez más. Ilegales son la mejor banda de Rock de este país y Jorge Martínez el último hombre al que deberías molestar. Sagrados, deberían de ser monumento nacional.

Ponga un Ilegal en su vida, reflexiones de Agustín Rodríguez

La primera vez que me encontré con Jorge Martínez cara a cara, sufrí uno de esos momentos en los que podría ser capaz de respirar hasta el más tóxico de los gases conocidos. Su desencajado rostro y su punzante mirada me ayudaron a entender, aún más si cabe, la reflexión que una persona puede expresar en sus letras desde la base más animal de nuestra especie. Ocurrió allá por 1985, en la feria anual “FEVAL” que se celebra en la población extremeña de Don Benito. En aquel momento, cuando el POP y el GLAM aglutinaban a una multitudinaria manada de incondicionales, los minoritarios grupos liberados de escoria y de explosiones propagandísticas, mantenían su incondicionalidad a la base principal de todas las tendencias musicales del último siglo: Soul, Blues, Rhythm&Blues y sobre todo Rock&Roll. Jorge salió al escenario advirtiendo a aquellos a quienes nos les gustase su “careto” para que abandonasen el recinto si no querían sufrir. No creo que nadie lo hiciera, tampoco me preocupó en exceso que muchos miembros de aquella manada que se congregó ante el escenario estuvieran desubicados. Por mi cabeza sólo circulaba la necesidad de comprobar si las manos de este alopécico podrían extraer de su guitarra el depurado sonido que me impactó cuando escuché sus primeras grabaciones. Lo consiguió. El jodido calvo con cara de loco hizo que mi boca se abriera como creo que nunca había hecho hasta ese momento. Recuerdo la flexibilidad de aquellos dedos desplazándose por el mástil de una Gibson “Les Paul”, como si estuvieran esculpiendo sobre la madera del instrumento. Aquella guitarra en directo, al igual que en las grabaciones, sólo requería una percusión directa, penetrante y exenta de florituras. David Alonso no necesitaba llenar el escenario de timbales para conseguirlo. Y también un bajo. Íñigo Ayestarán había dejado ya el puesto que ocupó Willy Vijande (“el zanahorio”) ¡¡tremendo!!, la pegada de aquel Fender Bass sacudía mi pecho de tal manera que no dejé de vibrar durante todo el concierto. Después de tres décadas, durante las cuales he vuelto a castigarme en varias ocasiones con estos individuos, he tenido la oportunidad de charlar con Jorge. Fue hace pocos días a través de los micrófonos de Radio Costa Esmeralda con mi gran amigo y escritor Nacho García Álvarez. Nuestras carcasas han envejecido, nuestro semblante es bastante más tranquilo que en aquellos años, pero ¡qué coño!, nos sigue gustando la cerveza y quizás ahora (al menos en mi caso), valoramos más aquello que siempre nos ha dominado: el Rock, sin menospreciar los otros placeres elegidos por Ian Dury. A lo largo de todos estos años, y como guitarrista aficionado, siempre quise conocer la preferencia de un virtuoso de este instrumento como Jorge, sobre las dos guitarras que más le vi utilizar: Gibson “Les Paul” o Fender “Stratocaster”. En la charla que mantuvimos no se decantó por ninguna de ellas e incluso me habló de un montón de marcas de las que algunas escapaban de mi conocimiento. Creo que me vaciló, una vez más este mamoncete sin pelo había utilizado el mío para tomarlo. El pasado sábado 14 de mayo estuve en el Kafe Antzokia de Bilbao para verles de nuevo. Medio concierto con Fender y el otro medio con Gibson. Es cierto que tuvo que cambiar “Les Paul” por “SG” en un par de canciones pero lo hizo porque rompió la jodida prima (primera cuerda). Se confirmaron mis sospechas. El de Antzokia fue un espectáculo descomunal, uno de esos conciertos que se graban a fuego en la mente y que recuerdas hasta en tu último suspiro. La conjugación de músicos, local y público elevó a la mayor escala la definición de “directo”. Europa sigue muriendo y cada vez estamos más agotados de esperar pero siempre habrá un motivo de revuelta, juvenil o senior, volveremos a enamorarnos de Varsovia mientras hablamos con las fieras del zoo donde un tipo con cara de conejo nos cuenta sus problemas sexuales. Eso es todo…¡¡ amiguitos !!.

Agustín Rodríguez y Nacho García

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Nacho García Alvarez

Nacho García Alvarez

Autor de El Círculo Desnudo, El Círculo Sobrenatural (Chiado Editorial) y Correo 42. Ex Cantante y letrista de Sin Bautismo y colaborador de la web Nos Gusta la Música.

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