Un torbellino de rock se apoderó durante la noche del jueves en una de las salas de más solera de Madrid y que tanto nos gusta visitar por ser, sin duda, de las mejores (por no decir la mejor) de toda la capital. Los norteamericanos Howlin’ rain, con nuevo trabajo titulado “The Russian Wilds” y con la firma del gran Rick Rubin en la producción del mismo, nos rendían visita y se hacía prácticamente obligatoria nuestra presencia en dicha fecha para no perdernos detalle de como se hace rock de toda la vida y se sale victorioso en el intento.
Abrían la noche los madrileños Sparkle Gross, una magnífica formación que practica el rock sureño como bandera, muy en la onda de los admirables The Black Crowes, y que lo hace con nota alta en sus directos. Muy buena y solvente puesta en escena de sus temas, aunque una pincelada de notas grises tiñera su actuación, ya que se trataba de su despedida de los escenarios, lo cual no deja de ser una triste noticia y más comprobando que se trata de una señora banda, y cada vez van quedando menos….. Suerte amigos! Los aplausos que recibisteis son muy merecidos!
Tras su adiós, era el momento de recibir con gran expectación al quinteto de San Francisco liderado por Ethan Miller que, para la ocasión, se convertía en cuarteto por la ausencia del teclista y multiinstrumentista Joel Robinow. Hombres al escenario, amplis suplicando les hagan sonar y un público expectante por lo que saben va a ser un concierto de los que no dejan indiferente….
Phantom of Valley inició su andadura adueñándose del alma agitada del barbudo cantante y guitarrista, a quien no le abandonaría durante todo el acto dotándole de inquietud constante y desinhibido movimiento en cada una de las canciones que compusieron el show. Los ritmos latinos del tema fueron suplidos por guitarras dotadas de fuerza y por una impecable ejecución por todos y cada unos de los componentes del grupo.
Con toda la carne puesta en el asador desde el inicio y dejando claro cuales son sus señas de identidad, Self made man surge entre acordes sureños para seguir manteniendo el nivel de alta graduación que caldea la sala. Recalcable al máximo es la facilidad que tienen para jugar con los estilos dentro de una misma canción. Sí, hacen rock setentero, pero es que también te puedes encontrar blues, folk o psicodelia mientras se embarcan en los grandes desarrollos que caracterizan sus composiciones, donde tampoco faltan los largos e intensos punteos que alcanzan el clímax en la mano del impoluto Isaías Mitchel.
Dark side y Can’t satisfy me now no hacen más que evidenciar una vez más lo ya recalcado y constatar el gran nivel de la banda y la calidad que también posee The Russian Wilds. Muy destacable también la voz de Miller en ésta última, demostrando que es un magnífico interprete vocal por mucho que su descuidada imagen pueda en un primer momento llevarte a engaño, quien no dudó en bajarse del escenario y darse un baño de multitudes en mitad del concierto.
Cuatro canciones y media hora en el bolsillo pasada sin apenas ser conscientes del tiempo transcurrido… y es que en los buenos momentos, las manecillas del reloj no cobran importancia, sino la música, que se convierte en el único lenguaje posible encargado de dotar de satisfacción al entusiasmado público que responde con calor a lo que sus sentidos están captando, y éstos raramente te suelen engañar…
También hubo momentos para degustar temas de su primer y homónimo álbum, como fue el caso de Roll on the rusted days, y también de su excelente segundo trabajo Magnificent fiend con Lord have mercy y la magnífica Calling Lightning, part 2. Ni un sólo pero a lo vivido hasta el momento, todo un ejercicio en letras mayúsculas de buen gusto y buen hacer al que tanto me aficioné a presenciar y disfrutar en salas y bares de la escena local en la que siempre me he movido, donde la buena música y los clásicos de los 60 y 70 siempre siempre estuvieron presente y fueron el principal ingrediente que aderezaban muchas noches de conciertos. Fue allí donde comencé a apreciar los directos íntimos, los que te transmiten, los que te llegan a las entrañas…Yde repente me vi nuevamente reviviendo estas sensaciones con el rock atemporal que tan bien fluye de las manos de los estadounidenses Howlin’ Rain. A quitarse el sombrero toca ante semejante evidencia!
Corto, eso sí, su show, de poco más de una hora de duración, al que le acompañó una única canción en los bises que se nos antojo escasa en relación a la duración de los otros temas interpretados hasta el momento. Pero no importa, porque Miller (descamisado para la ocasión) y los suyos lo dieron todo para hacer sonar “gordo gordo” el Killing floor de Jimi Hendrix Experience, en claro homenaje al recientemente aniversario de la muerte del genial e inimitable artista.
En resumen, pocas veces se tiene la oportunidad de ser testigo directo de un concierto tan grande, de esos que te transportan a otra época en la cual los amantes del género nos hubiera encantado vivir, donde el máximo exponente del músico era sentirla y hacerla sentir, donde no era necesario ningún engaño visual ajeno a lo que directamente podías presenciar de una banda en directo…. pocas son las que quedan así, pero haberlas las hay, y Howlin’ rain son un claro ejemplo de ello. No sé si el sistema y los gustos actuales les encumbrará en otro escalón, lamentablemente me temo que al menos por aquí no, lo que si tengo claro es que nivel les sobra por todos lados para hacerse merecedores de una más que digna mención.






28 sep 2012
Publicado por Luis López 



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