Coriolà publican “La Tremolor”: Entrevista a Carles Chacón

Foto: Juan Miguel Morales

Foto: Juan Miguel Morales

Los manresanos Coriolà publicaban el pasado mes de enero La Tremolor, su segundo álbum de estudio y primero con el sello Petits Miracles. Diez canciones autobiográficas, de pop imaginativo y cinematográfico, en las que la banda muestra una nueva faceta compositiva con la voz de Carles Chacón al frente, un músico con el que hemos charlado.

La Tremolor llega casi tres años después de vuestro primer disco. ¿Por qué esta demora?

El Debut nos llevó mucho trabajo y giramos de forma bastante intensa un par de años. Teníamos ganas de recapitular, sentarnos y ver dónde nos habían llevado esos dos años paseando las canciones. Descansamos un par de meses, hicimos caso a nuestras familias y después nos pusimos a pensar en las nuevas canciones. Además, queríamos que La tremolor fuese el mejor disco posible y eso pide tiempo.

A pesar del éxito de El Debut, se aprecia en las letras y el sonido, más denso y oscuro, del nuevo álbum cierta desazón. ¿A qué se debe? 

Tanto en las letras como en el sonido es cierto que hay una voluntad de ser menos radiantes, menos luminosos. Es cierto que El Debut tuvo un muy buen recorrido, tanto en el público como en medios, pero uno hace las canciones con lo que le pasa cuando baja del escenario. Y en ese sentido han sido un par de años duros, con sus más y sus menos. De ahí esa desazón que mencionas. Aunque mucha gente está diciendo que en algunos momentos el disco “se abre” y es muy alegre. Nos gusta esa sensación de estar jodidos, pero ser capaces de sonreír.

Es cierto, no deja de ser un disco diáfano. ¿Se podría decir que es un alegato a vivir sin miedo a pesar de lo malo que nos rodea?

Tu pregunta resume de forma perfecta una de las cosas más importantes que queríamos explicar con La tremolor. Hay una canción en concreto, “El ball dels vius”, que trata de eso mismo: de bailar mientras cruzas un campo de minas, de vivir sobre un hielo que, poco a poco, se va rompiendo. Nos gusta esa poética que tiene un chiste, una caricia o una sonrisa en un momento duro, oscuro y desolador.

Esta diafanidad se advierte en algunos destellos ochenteros. ¿De dónde surgió la idea de incluir algunos sintetizadores que nos recuerdan a aquella época?

Con los ochenta estamos un poco divididos en el local de ensayo… A mi, por ejemplo, que nací en esa década, cada vez me gusta más, descubro más cosas. Pero todos coincidimos en que se hicieron muy buenas canciones y la producción de esa época tiene un carácter especial. Por eso indagamos en algunos de esos sonidos, sobre todo en lo referente a teclados y sintetizadores. Tampoco creo que nos haya salido un disco ochentero, pero hay algunos detalles que sí, que nos hacía gracia meter en el disco.

¿Han sido muchos los cambios en Coriolà en estos tres años?

Pues han llegado hijos, perros, casas nuevas, trabajos nuevos, ideas nuevas y gente nueva. En tres años pueden cambiar muchas cosas y está bien que así sea. En nuestro sonido, por ejemplo, hemos evolucionado hacia un concepto más eléctrico y denso, algo que queríamos probar después de la nitidez más pop de El Debut. Las canciones, sin embargo, creo que tienen el mismo corazón o voluntad, pues supongo que uno tiene dos o tres obsesiones, que trata de desentrañar a lo largo de la vida, haga canciones, libros o cuadros.

¿En qué ha evolucionado la banda desde que dejasteis Warner?¿Qué os ha aportado Petits Miracles?

Petits Miracles es trabajar con gente muy implicada, que cree en el trabajo y en el proyecto artístico que tenemos entre manos. Nos apetecía pertenecer a algo más pequeño, más ágil y flexible, más próximo. Aunque la época de Warner tuvo cosas muy buenas y fue una buena experiencia, nos gusta probar nuevas maneras de funcionar.

¿Y Carles Delgado? ¿Cómo disteis con él? ¿En qué se aprecia el cambio de productor?

Es un viejo amigo del grupo. Antes del disco vivía en Nueva York, donde había producido a varios grupos de la escena indie y trabajaba para televisión y publicidad. Lo sigue haciendo, pero ahora ha vuelto a Cataluña. Aprovechamos que tenía ganas de volver y le propusimos hacer pruebas en la preproducción. Íbamos intercambiando correos electrónicos entre Barcelona y Nueva York, y enseguida encontramos el concepto sonoro del disco. La Tremolor es un disco diferente a El Debut, que produjo nuestro querido Miqui Puig. Con Miqui aprendimos mucho: el concepto del pop, de la rapidez, de la levedad, en el buen sentido de la palabra, en ser como un hacha que impacta en el oyente para hacer que baile, se mueva y lo pase bien. Y El debut ahonda en ese concepto, en ser nítido, directo y sencillo, con toques de pop y folk. Ahora, con La Tremolor, con Carles, hemos intentado ser algo más oblicuos, indirectos, tanto en el sentido de las letras como en la dirección sonora de las canciones. Nos gusta la sensación de algunos arreglos, que no sabes si es un teclado, una guitarra, una voz o todo junto.

¿Cómo se refleja ese sonido en directo?

En cuanto a los directos, hemos adaptado el disco para que refleje la esencia de las canciones, sobre todo la intensidad. Es algo que ya poníamos en práctica en la última parte de la gira de El Debut, cuando empecé a coger la guitarra eléctrica.

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