[Crónica] Blackberry Clouds – “Blood On Her Boots, Flies On His Wounds”

Blackberry CloudsBlackberry Clouds han facturado un disco enorme. Blood on her boots, Flies on his wounds, su cuarto álbum, presenta a una banda que ha asumido e interiorizado a la perfección los sonidos propios de esa amalgama de músicas agrupadas bajo la nomenclatura generalista de “americana” y que viene a aglutinar todas las raíces musicales básicas de los Estados Unidos: blues, country, rhythm & blues, folk e incluso rock & roll conviven felizmente en un estilo que ha encontrado en los malagueños a uno de sus más destacados representantes nacionales y, por derecho propio, deberá incorporar Blood on her boots, Flies on his wounds como uno de sus más sobresalientes ejemplos.

Formados originalmente en 1996, las entregas discográficas de Blackberry Clouds no han sido frecuentes y, de hecho, independientemente de otras incursiones menores, no vieron publicado su primer largo, aquel hard-rockero Cheap N Down (Alone Records), hasta 2001. Aunque en 2006 llegó el guitarrero y más que interesante The Worst (Lengua Armada/Alone Records), transcurrieron siete años hasta Dry Wind, su autoeditada tercera entrega en la que la banda, con algún cambio en la formación incluido, viraba elegantemente hacia el country-rock de raíz americana. Ahora, tan sólo dos años después, demuestran una madurez y una calidad musical encomiables y su nueva entrega, editada por Clifford Records, es la clara confirmación de la polvorienta senda marcada en su anterior trabajo. La dirección allí trazada se concreta ahora de manera magistral para completar un disco majestuoso cuya única fisura radica quizá en el acento algo españolizado de la pronunciación de unos textos en inglés que cuentan historias y hablan de personajes que sufren, de carreteras abandonadas, de viento, de soledad, de sangre, de muerte y de redención. Y es que su música está dotada de una admirable capacidad para transportar al oyente a atmósferas y paisajes precisos que parecen tomar forma y dibujarse en la retina con cada acorde, concretándose en imágenes como la que recoge la propia portada del LP. Porque la apuesta es directa y es muy clara, absolutamente sincera: desde el olor a Neil Young en el tono ocre de la maquetación (véanse sus Harvest, Long may you run, Greendale o Living with war) hasta el mismísimo arranque del disco con la contundente Crown of thorns (Blood on her boots), construida sobre el eco de la melodía del When Johnny comes marchin home, el escenario que se define es adusto, arenoso, desértico.

Ya en Dry Wind las referencias a Gram Parsons, Johnny Cash, Hank Williams o Townes Van Zandt eran notables y lógicamente vuelven a presentarse aquí. De hecho, los dos últimos aparecen incluso citados en el texto del inserto que acompaña al LP, en la letra manuscrita de Eastern Road, erigidos casi como referentes vitales de unos músicos en estado de gracia y como padrinos de una obra rotunda. Sin embargo, una vez adentrados en la propuesta musical, la evocación parece girar más hacia Australia y es Nick Cave o principalmente los maravillosos y poco reconocidos Kill Devil Hills los que con más fuerza resuenan entre las alusiones que despierta casi cada tema del disco. Éste, por cierto, se antoja pensado como disco de vinilo, a la antigua usanza, ajeno a cualquier imposición del mercado, con sus dos caras diferenciadas: por un lado, la “A” trae asociado el subtítulo de Blood on her boots y, por el otro, la “B” se organiza a partir de Flies on his wounds. Más allá de esto, el disco está concebido como un todo, como una unidad prácticamente indivisible: Crown of thorns (Blood on her boots) abre el álbum y Crown of thorns (Flies on his wounds) lo cierra, configurando un bloque compacto que crece y se desarrolla bajo la citada referencia al When Johnny comes marchin home, la archiconocida canción de la Guerra Civil estadounidense (basada a su vez en la irlandesa Johnny I hardly knew ye) y cuya utilización electrificada más mítica llegó en 1979 con el English Civil War de The Clash. Desde las primeras notas, la sugerente melodía alimenta esos paisajes desérticos, entornos hostiles donde habita la soledad y que son al mismo tiempo lugares donde moran y acuden los propios demonios de cada uno. No es casual que tras el evocador inicio llegue la preciosa Ballad of Blackberry Clouds en la que, en guiño tan evidente como atinado, el nombre de la banda pasa a engrosar y formar parte del contexto narrativo y se transforma una vez más en pura imagen, con esas nubes amenazadoras que se ciernen sobre los personajes de esas canciones, historias para ser cantadas como banda sonora de algún malogrado western.

La variedad de instrumentos (piano, banjo, dobro, órgano) que acompañan a voz, guitarras, contrabajo y batería, inciden y favorecen la recreación de ese ambiente, pero resultan además acertadísimas las colaboraciones puntuales del violín de Luz Prado y la voz de Mayita Trinidad para el emocionante dueto de May the wind o la presencia del pedal steel, acentuada para sacar el lado más country en cortes como Theyll hunt me down o Eastern Road, aquí de nuevo con la certera presencia del violín, y poder rematar unas canciones redondas.

Los momentos de mayor carga dramática se alcanzan probablemente con la intensa Sabine River o con Cap Rock por las que parece pasearse el mismísimo Nick Cave de la mano de la voz profunda de Francisco Galacho y que, preciso acompañamiento de piano de por medio, logran alcanzar una muy alta cota de emotiva agitación.

La excelente Heavy load remite en algo a Chris Isaak, con ese medio tiempo tan característico del californiano. El tema ha servido como adelanto y presentación del álbum, quizá porque venga a condensar gran parte de las cualidades que éste contiene y pueda por ello erigirse como un preciso resumen del mismo.

El corte más salvaje, The day we almost were, rebosante de rabia y heredero directo de los temas más acelerados de Kill Devil Hills, alcanza tal vez el punto más álgido de todo el álbum con su pura explosión de energía en la que los malagueños no pierden un ápice de elegancia y que se anticipa a la calma definitiva que supone Crown of thorns (Flies on his wounds) que, a modo casi de reprise del tema inicial, pone el punto final a este disco contundente y arenoso, hecho con mimo y con un cuidado exquisito por los detalles que lo convierten en una pieza para ser paladeada con calma, para dejarse llevar y sumergirse en su niebla.

Sin duda alguna, estamos ante uno de los mejores discos de 2015. Dejemos que el tiempo hable.

Temas destacados: “Crown of thorns (Blood on her boots)”, “Ballad of Blackberry Clouds”, “Heavy load”, “The day we almost were”.

Sello: Clifford Records (2015)

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Miguel Sáez Martín

Miguel Sáez Martín

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